El acuerdo entre China y la Santa Sede

China
Photo by CEphoto, Uwe Aranas CC BY-SA 3.0

 — Antonio Spadaro S.I. —

El 22 de septiembre de 2018 la Sala de Prensa vaticana comunicó la firma de un acuerdo provisional entre la República Popular China y la Santa Sede.

Es útil comprender este acuerdo como si fuese verdaderamente una armonía de notas musicales. Como el incipit, diría, de una composición que queda aún por desarrollar en su totalidad. No se trata, pues, solamente de la conclusión de un proceso, sino de su real inicio, que deberá ser implementado también a través de instrumentos de verificación y, eventualmente, de mejora.

En lo que sigue intentaremos hacer un balance del itinerario reciente vinculado a la figura del papa Francisco, que varias veces expresó tanto su admiración por China como el deseo de que se superen los obstáculos existentes para un diálogo sólido y eficaz. Veremos también cómo este deseo tiene raíces firmes en la acción de sus predecesores, y que también su compromiso es el desarrollo de las premisas colocadas por los pontificados precedentes. Después procuraremos valorar el significado del acuerdo, la lógica y la actitud que le subyacen. Por último, pasaremos a enumerar una serie de desafíos positivos que la firma de este acuerdo relanza.

Francisco: el deseo de China

El 14 de agosto de 2014 el vuelo de Alitalia que llevaba al papa Francisco a Corea para su viaje apostólico sobrevoló China. Por primera vez se permitía a un pontífice surcar su cielo. En el telegrama enviado al presidente Xi Jinping, Francisco escribió: «Al entrar en el espacio aéreo chino hago llegar mis mejores augurios a su excelencia y a sus ciudadanos e invoco las bendiciones divinas de paz y bienestar a su nación». En una histórica entrevista concedida al profesor Francesco Sisci para Asia Times y publicada el 2 de febrero de 2016, el papa, recordando ese momento, afirmó: «Cuando crucé China por primera vez me dijeron en el avión: “Dentro de diez minutos entraremos en el espacio aéreo chino y enviaremos su saludo”. Confieso que me sentí muy emocionado, algo que no suele sucederme. Me emocionaba estar volando sobre esa gran riqueza de cultura y sabiduría».[1]

Durante el vuelo de regreso a Roma, Francisco habló de la emoción que sintió en el momento del nuevo cruce del espacio aéreo chino y del segundo telegrama enviado al jefe de Estado de ese país: «Deseo renovar a Su Excelencia y a sus ciudadanos la certeza de mis mejores deseos e invoco la bendición divina sobre su tierra». Durante la conferencia de prensa dada en ese mismo vuelo, Francisco afirmó: «¿Que si me gustaría ir a China? Por supuesto: ¡mañana! Sí. Respetamos al pueblo chino; la Iglesia pide únicamente libertad para su misión, para llevar a cabo su tarea; no hay más condiciones. Además, no podemos olvidar aquel documento fundamental sobre la cuestión china, la carta enviada a los chinos por el papa Benedicto XVI. Esa carta no ha perdido actualidad. Releerla hace bien. Y la Santa Sede siempre está abierta a los contactos: siempre, porque tiene una verdadera estima por el pueblo chino».

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