Algunos aspectos de la salvación cristiana

José Luis Narvaja S.I.

Reflexiones sobre la carta Placuit Deo

El 22 de febrero de 2018 el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. Luis Ladaria, publicó la carta Placuit Deo (PD), dirigida a los obispos de la Iglesia católica.[1]El documento resulta aún más significativo en virtud de la publicación, el siguiente 9 de abril, de la tercera exhortación apostólica del papa Francisco, Gaudete et exsultate (GE), dedicada al tema de la «santidad en el mundo actual». En el capítulo segundo, la exhortación presenta los que hoy parecen constituir dos «enemigos» de la santidad: el gnosticismo y el pelagianismo (nn. 35-62).

La carta que aquí presentamos brevemente se detiene justamente en las concepciones de la salvación que tienen hoy alguna semejanza con estos dos errores de la Antigüedad.

Un diálogo entre Dios y el hombre

Partiendo de la enseñanza del Vaticano II, la carta recuerda que la riqueza del misterio de la salvación debe ser profundizada constantemente (PD 1). La salvación se hace posible gracias al encuentro del hombre con Dios, y este encuentro se da cada vez que el hombre se abre a Dios y deja que Dios lo transforme. No se trata de un hecho sucedido hace veinte siglos, que pertenece exclusivamente a la historia, sino de una realidad que se actualiza aquí y ahora porque la palabra de Dios es «viva y eficaz» (Heb 4,12) y busca llegar a todos los hombres, a lo ancho del mundo y a lo largo de la historia.

En este contexto podemos señalar que la profundización del misterio de la salvación se presenta de manera clara en dos aspectos de la carta. En primer lugar, vemos un esfuerzo por describir al hombre actual en la situación concreta en que vive. En segundo lugar, la carta se desarrolla haciendo hincapié en la Sagrada Escritura, con constantes referencias a la Palabra revelada.

Y esto es así porque la vida del hombre se construye en diálogo con Dios y solo en la escucha de esta palabra podemos profundizar ese misterio de nuestra salvación que involucra toda nuestra vida.

Dos aspectos de la cultura del hombre actual

La carta se propone señalar algunos aspectos de la salvación para cuya comprensión el hombre —destinatario de esa salvación— puede encontrar dificultades a causa de los cambios culturales. En consecuencia, Mons. Ladaria nos propone considerar esos aspectos
de la cultura actual que pueden hacernos comprender la salvación de
manera equivocada. Dicho de otra forma, las transformaciones culturales crean un marco conceptual que puede dificultar la correcta comprensión del misterio de la salvación y, en consecuencia, puede suceder que busquemos el encuentro con el Dios de nuestra salvación de una manera parcial.

Son principalmente dos experiencias de nuestra cultura sobre las que llama la atención la carta. Es evidente que se habla de manera general, pues no es posible incluir a todo el mundo, de una manera uniforme, dentro de una misma matriz cultural. Sin embargo, se trata de tendencias e imaginarios suficientemente extendidos que permiten una generalización.

En una sociedad donde puede verse un interés sincero y valioso para la reflexión, la contemplación, el contacto con el trascendente, siguiendo distintos métodos y distintas tradiciones, descubrimos también que hay una separación entre estas importantes búsquedas de interioridad y el contacto del hombre con el mundo exterior a él. La persona reconoce que los momentos en que puede meditar, reflexionar y rezar, son un oasis en una vida signada por la velocidad y el vértigo de la información, de las actividades, de las obligaciones. Y, sin embargo, esta interioridad no repercute en el mundo.

Por otra parte, es verdad que en las sociedades —a lo largo y ancho del mundo— aparecen muchos signos de generosidad, de solidaridad, de lucha por ideales comunes. Desde otra perspectiva, sin embargo, el hombre descubre dificultades para un desarrollo a nivel laboral y profesional, donde el encuentro de un puesto de trabajo que le permita alcanzar un nivel de vida por encima de la media exige un esfuerzo constante, sacrificando horas de recreación, de sueño, de encuentro gratuito con otras personas.

Placuit Deo recoge estas dos experiencias del hombre actual y expresa la preocupación de que, partiendo de estas dos tensiones, el hombre pueda desarrollar una idea errada de salvación: una salvación al estilo de esas experiencias espirituales en las que el hombre encuentra paz en un mundo convulsionado en el que él, por otra parte, no tiene ninguna influencia directa o concreta; una salvación al estilo de su esforzada carrera por ser competitivo en un mercado laboral limitado. Estas son las repercusiones que la cultura actual puede tener en el imaginario de la salvación de los hombres de hoy.

Todo el hombre, todos los hombres

La carta reconoce que estas dos posibles comprensiones de la salvación tienen algunas semejanzas con dos errores de la Antigüedad: el gnosticismo y el pelagianismo. Deja claro que son tipologías que ayudan a delinear la situación actual de los hombres, que son llamados, siempre y cada vez de nuevo, a la salvación (PD 3).

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