Bitcoin. La moneda virtual por antonomasia

Fernando de la Iglesia Viguiristi S.I.

El bitcoin es la moneda virtual por antonomasia. En la práctica, no pasa un día sin que se tenga noticia de ella, ya sea por las fuertes oscilaciones de su valor o por las múltiples reacciones que provoca. No faltan quienes sostienen que es preciso regularla, y algunos proponen incluso prohibirla, como, por ejemplo, los premios Nobel de economía Joseph Stiglitz[1] y Jean Tirole.[2] Pero ¿qué son los bitcoins? ¿Quién los emite? ¿Cómo lo hace? ¿Cómo se compran? ¿Qué significan? ¿Qué beneficios dan? ¿Implican riesgos? ¿Es urgente regularlos?

Cómo nacieron y qué cosa son los bitcoins

Todo comenzó hace diez años, cuando, en octubre de 2008, un misterioso Satoshi Nakamoto —seudónimo detrás del que se esconde la identidad de una persona o de un grupo de personas— anunció el lanzamiento del programa informático Bitcoin y de la primera criptomoneda bautizada bitcoin (es oportuno recordar que «encriptar» significa ocultar, cifrar, transcribir en clave).

El momento elegido para el lanzamiento era muy significativo. La compañía Lehman Brothers acababa de caer, los mercados financieros sufrían la peor crisis desde 1929 y los bancos centrales se habían puesto a imprimir billetes de forma febril. Por tanto, cuando Nakamoto presentó su invento, la falta de confianza en el sistema financiero —después de la enorme crisis provocada por su deplorable comportamiento a partir del boom de las hipotecas en Estados Unidos— era muy fuerte.

En enero de 2010 tuvo lugar la primera transacción en red entre Nakamoto y Henry Finley, un promotor norteamericano. En su artículo de presentación, el mismo Nakamoto sostenía que con los bitcoins se evitarían los costes de transacción, en ausencia de una tercera parte obligada a intervenir en calidad de garante y fiduciario, papel que, por lo demás, había sido puesto en discusión por los tristes acontecimientos del año 2008.[3]

Ahora que su criptomoneda ha explotado, sobre todo en China y en Estados Unidos, queda en pie un interrogante: aunque en los medios de comunicación y entre los inversores se diga que el bitcoin es una moneda (criptomoneda, moneda virtual, moneda 2.0), ¿lo es de verdad?

Ante todo, hay que subrayar que el bitcoin no depende de institución alguna. Es un archivo en una computadora gestionada por un programa particular, el elaborado por Nakamoto en 2008: nada más y nada menos. Este programa informático es el que emite continuamente los bitcoins y establece su cantidad (21 millones en 2040; hoy son 16 millones y medio en circulación protegida y oculta en la red). Va de suyo que el programa dispone de todas las garantías de seguridad. Está proyectado de tal manera que, para modificarlo, se requiere la unanimidad de la comunidad de sus usuarios.

El bitcoin y su red mundial reemplazan el sistema financiero, o sea, los bancos, garantes de la solvencia de las transacciones financieras, y lo hacen a través de una nueva tecnología en la red llamada blockchain. El que compra un bitcoin —en red, mediante su simple tarjeta de crédito, o en las sucursales abiertas al público— adquiere solo un código, es decir, una secuencia de ceros y unos que se depositan —o sea, se custodian— en un portafolio o monedero electrónico. En lo sustancial, se trata de un archivo encriptado gestionado por una aplicación informática instalada en la computadora del usuario: precisamente el programa Bitcoin.

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