«Erradicar la cultura del abuso»

erradicar el abuso

La carta del papa Francisco al Pueblo de Dios

— James Hanvey S.I. —

La Carta del santo padre Francisco al Pueblo de Dios[1] marca un momento decisivo en la vida de la Iglesia. Considerándola junto a la carta que el papa dirigió en abril a la Conferencia Episcopal de Chile,[2] constituye un ejemplo de liderazgo inspirado que tiene todas las características de su pontificado: es pastoral, concreta, espiritual y profética. El papa denuncia las «hondas heridas de dolor» en las víctimas y en la Iglesia derivadas de los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes, obispos y cardenales, y pide una profunda conversión de aquella actitud que él define como «clericalismo». Esta es una tarea que solo puede cumplir el pueblo de Dios en su conjunto.

En los últimos meses ha salido a la luz el inexorable peso del sufrimiento causado en la Iglesia por los abusos en todas sus formas. Como también el hecho de que, con prescindencia de los motivos, la Iglesia haya actuado en colusión con los abusadores para intentar silenciar a las víctimas y ocultar la verdad. ¿Cómo es posible que un grupo que forma parte de la Iglesia haya podido pensar que protegerse a sí mismo era un servicio a Dios más importante que reconocer esa enorme fuente de sufrimiento y el escándalo de vidas destruidas, vidas de fieles inocentes? ¿Cómo podía la Iglesia tutelar la dignidad de la persona humana y pretender ser la defensora de los pobres y de los inermes, la voz de los sin voz y la memoria de los olvidados, cuando ella misma fue capaz, como cualquier Estado laico, de acallar el grito de aquellos a los que ella afirmaba querer amar y apreciar? Si la justificación fue la de impedir que el escándalo minase la fe del Pueblo de Dios, ¿a quién se ha «protegido»?: a la Iglesia o a la «carta» clerical? Es en este contexto y con estos legítimos interrogantes que el papa Francisco escribió su Carta al Pueblo de Dios.

Algunos podrán pensar que no son más que palabras piadosas, poniendo en duda que la invitación a la penitencia y a la oración sea adecuada, dada la enormidad de la crisis y la profundidad del dolor que ella ha causado y sigue causando. Sin embargo, Francisco ha demostrado con sus acciones que lo suyo no es la retórica. La carta presta oídos al grito de las víctimas, sofocado por demasiado tiempo, silenciado o negado, y habla de la verdad de los abusos clericales en la Iglesia señalados por el informe del tribunal de Pensilvania. Sería un error pensar que esos abusos puedan estar localmente restringidos a América del Norte, Chile, Gran Bretaña o Europa. La carta del papa no es una estrategia política, una admisión de culpabilidad hecha en la esperanza de que la cuestión pueda ser desdramatizada, contenida y olvidada una vez que la atención de la opinión pública se vea distraída por el próximo escándalo o por el próximo suceso.

Para leer el texto completo, haga clic en …

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here