El catolicismo en China en el siglo XXI

El cristianismo en China
El cristianismo en China

E

l cristianismo en China afronta en la actualidad, diversos desafíos ante una sociedad y un pueblo chino inmersos no sólo en una crisis moral, sino también espiritual y de fe.

La Iglesia Católica China se encuentra, por tanto, en la búsqueda del desarrollo espiritual y moral de una sociedad cada vez más alejada de sus propias tradiciones y su propia cultura, más pluralista y global. Una sociedad secular y consumista. La tarea esencial y las misiones cristianas en China se centran en comprender cómo integrar la fe en la propia existencia.

Asimismo, la iglesia Católica en China está llamada a poner en marcha una estrategia misionera también en la red, acercándose a los jóvenes católicos, con el objetivo de evangelizar a los chinos y compartir los valores evangélicos también en el ciberespacio.

Por eso la Iglesia debe aprender a relacionarse con la cultura local, para dialogar y comunicarse con la sociedad secularizada, con el fin de desarrollar «una Iglesia católica china con rasgos chinos», que ofrezca esperanza y fe.

Este es precisamente el mensaje del papa Francisco a China, que busca promover una auténtica cultura del encuentro y la armonía de toda la sociedad, esa armonía que ama tanto el espíritu chino.

Joseph You Guo Jiang S.I.

El cristianismo llegó a China por primera vez hace más de mil años, pero no duró allí largo tiempo. Alopen, monje sirio, introdujo el cristianismo nestoriano en el siglo VII, durante la dinastía Tang, y fundó varios monasterios e iglesias. El nestorianismo apareció de nuevo en el período mongol, en el siglo XIII, y entró en crisis en China en la primera mitad del siglo XIV.

El catolicismo romano creció en este país a costa de los nestorianos durante la última dinastía Yuan. El obispo franciscano Giovanni da Montecorvino comenzó su misión evangelizadora entre los mongoles en Pekín, pero esa misión cesó después de la dinastía mongola Yuan, en 1368.

La llegada de los primeros misioneros jesuitas se produjo en 1582, durante la dinastía Ming: Matteo Ricci y sus compañeros actuaron hasta el comienzo de la dinastía Qing (1644), antes de la controversia de los ritos, que llevó al emperador chino a proscribir el cristianismo durante cien años. En ese período los católicos gozaron de un elevado aprecio social y de gran respeto por parte de la mayoría de la sociedad china, incluso de funcionarios del Gobierno, miembros de la familia real y estudiosos, gracias a lo cual el número de los católicos creció.

En 1842, después de la Segunda Guerra del Opio, el Tratado de Nankín concedió más privilegios a las misiones cristianas en los puertos y, al final, en otras provincias. Así, los jesuitas entraron por segunda vez en China con el apoyo político del gobierno francés y se
convirtieron en los líderes intelectuales de la Iglesia católica y en los pioneros del intercambio cultural y educativo entre Oriente y Occidente. A diferencia de su primera llegada, la segunda misión se encontró con una situación política, económica y diplomática más complicada, que al final reforzó la relación entre el pueblo chino y los grupos religiosos extranjeros.

Durante el período republicano (1912-1949) el catolicismo contribuyó de manera significativa al desarrollo de la sociedad china en los sectores de la educación, de los servicios sociales, de la caridad y de la asistencia a los enfermos, ganándose el respeto de muchos chinos. A partir de 1949 y hasta la política china de puertas abiertas de 1978, el catolicismo chino afrontó diferentes desafíos y problemas.

En los años noventa del siglo pasado, el modo de actuar del catolicismo en China se hizo más dinámico y comprometido en la evangelización, en los servicios y en el intercambio formativo con otras regiones y países. También mejoró la formación de las nuevas generaciones de sacerdotes y religiosas.

A comienzos del siglo XXI la Iglesia católica china empezó a enfrentar nuevos desafíos.

La búsqueda del sentido de la vida

En los últimos diez años la China comunista se ha convertido en una nación cada vez más capitalista, con una economía en rápida expansión que ha atraído la atención de la comunidad internacional. En este repentino cambio económico, la sociedad y el pueblo chinos están en búsqueda, a través de diversas tradiciones y disciplinas, de un sentido para la existencia. La «vía cristiana» de esta búsqueda representa un tema de actualidad en el debate social, político y educativo del país. En efecto, el desarrollo y el progreso económico no han eliminado las necesidades espirituales: la fe y la espiritualidad contribuyen de manera significativa a la comprensión del ser humano, de sus valores y aspiraciones.

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