A cien años de La decadencia de Occidente

Giandomenico Mucci S.I.

Se celebra este año el centenario de la publicación de una obra filosófica que en su tiempo fue muy leída y discutida: Der Untergang des Abendlandes. Umrisse einer Morphologie der Weltgeschichte (La decadencia de Occidente. Bosquejo de una morfología de la historia universal), de Oswald Spengler (1880-1936). El primer volumen de la obra fue publicado en Viena en 1918; el segundo, en Múnich en 1922; y ambos reunidos fueron publicados en Múnich en 1923.

En Italia la obra salió en 1957, en Milán, con la edición responsable de Julius Evola; en la misma editorial se publicó después en 1978 con la traducción revisada por Furio Jesi, y en 1991 fue editada en Parma por Guanda con una presentación de Stefano Zucchi.

Los comentarios no fueron muchos, como sí lo fueron las críticas despiadadas. En la actualidad la obra apenas es citada en algún sumario de historia de la filosofía.[1] Tuvo un momento de notoriedad en el año 2000, cuando Garzanti publicó en Italia el discutido libro de Samuel Huntington The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order (El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial), aparecido en Estados Unidos en 1996.

Para disipar la sospecha de que se trata de una obra que no merece la atención de la posteridad baste recordar que ejerció una cierta influencia en Wittgenstein, en quien, tal vez, favoreció la actitud ética de austero individualismo.[2]

La psicosis de la decadencia

«Psicosis» es un término extrapolado de la medicina y extendido al campo de la cultura general, donde describe un fenómeno de aprensión o de temor de carácter individual o colectivo que puede asumir aspectos obsesivos.

La moderna psicosis de la decadencia o del ocaso, con el aura de melancolía que la acompaña, nació en la Mitteleuropa, entre Viena y Praga, y tuvo en Mahler su cantor. En nuestros días se ha hecho costumbre hablar de la muerte —o, al menos, de la enfermedad— de nuestra civilización: de la capitalista burguesa, de la humanista-ilustrada, de la científico-tecnológica, de la occidental-estadounidense, de la cristiana.[3]

También Spengler se formó en el área del Danubio, y es posible que de allí le haya venido la certeza de la decadencia del Occidente eurocéntrico, como le parecía evidente a partir de la subversión de los valores, del surgimiento de nuevas ideologías políticas, de la falta de creatividad, quedándole así al historiador el oficio de notario de tal muerte.[4]

Antes aun que para Emmanuel Berl, para Spengler «el fin del hombre moderno es indiscutible: Nietzsche había anunciado el fin de Dios, nosotros hoy sabemos que nuestro fin es mucho más total y clamoroso: se trata de una tremenda bancarrota».[5]

La tesis de Spengler

El pensamiento de Spengler,[6] que aplica a la historia de los hombres el modo de proceder de la biología, se considera el ejemplo más llamativo del naturalismo histórico. En el centro de dicho pensamiento está la idea de la pluralidad cultural de la humanidad. La civilización no existe ni puede definirse. Solo existen las civilizaciones (Kulturen) y las grandes civilizaciones (Hochkulturen), que son el único objeto de la ciencia histórica.

Para leer el texto completo, haga clic en …