Ciudades visibles e invisibles

José Luis Narvaja S.I.

Una reflexión a partir de Italo Calvino

El beatus ille de Horacio[1] es una irónica alabanza de la vida rural. La ironía consiste en que la vida tranquila de la que goza quien vive alejado de los negocios de la ciudad depende de que, a fin de mes, tenga la posibilidad de dirigirse a la ciudad que tanto rehúye para cobrar su renta. La alabanza de la vida en el campo es posible, por tanto, solo si en el transfondo se halla la ciudad que le ofrece un cierto abrigo.

La tensión entre la vida rural y la vida urbana es un tema antiguo.[2] Pero así como la describe Horacio es la forma que ha resucitado en las «arcadias privadas» de nuestra época, donde, sin embargo, se repite también el tópico del et in arcadia ego,[3] pues en estos mundos cerrados solo se crea la ilusión de que en la «arcadia» se esquiva la muerte y todo anuncio y pregustación de esa muerte.

Pero más que la relación entre el campo y la ciudad, queremos considerar la ciudad en sí misma, cómo se la ha pensado y cómo se la ha vivido. Es la ciudad, considerada en sí misma, de la que, para Horacio, era mejor vivir alejados, aunque ofreciera ciertos beneficios.

Lo haremos en dos niveles de reflexión. Nuestro análisis tiene su punto de partida en la obra de Italo Calvino Las ciudades invisibles.[4] Pero a la consideración de la imagen literaria como descripción de la ciudad realmente existente (aunque en forma de ficción) debemos añadir la imagen esencial de la ciudad, es decir, el concepto abstracto de ciudad. La realidad de ficción y la realidad ideal son la universalización tensionada de las ciudades en que vivimos. De esta manera, la lectura de Las ciudades invisibles no solo nos permitirá el goce estético, sino también rescatar un mensaje para la ciudad de hoy, la ciudad que nos toca habitar.

Esto no es arbitrario, pues sabemos —sin pretender decir nada de la vida de Calvino— que era un hombre existencialmente comprometido con el mundo. Testimonio de esto es su pertenencia al partido comunista y la desilusión que siguió tras su viaje a Rusia.

El mismo Calvino, en una conferencia sobre Las ciudades invisibles dice: «Creo que lo que el libro evoca no es solo una idea atemporal de la ciudad, sino que desarrolla, de manera unas veces implícita y otras explícita, una discusión sobre la ciudad moderna».[5]

A partir de la consideración de la ciudad esencial y de la descripción de Calvino, tendremos ocasión de considerar otros autores de la literatura que enriquecerán la reflexión.

El método

Para responder a la pregunta acerca de qué es la «ciudad», es decir, cuáles son las características de la realidad a la que damos el nombre de «ciudad», cuáles los elementos que la conforman, cuáles sus desafíos y sus tentaciones, es necesaria una reflexión sobre la esencia de esa «ciudad».

Un método de tinte aristotélico propondrá realizar una abstracción a partir de las ciudades concretas para descubrir el «genoma» del que surgen las ciudades visibles. En cambio, un método iluminado por una perspectiva platónica tenderá a describir primero el «genoma», la «raíz», «fuente» o «matriz», es decir, la ciudad ideal e invisible, paradigma de la visible.

Para leer el texto completo, haga clic en …