El concepto «mítico» de pueblo

José Luis Narvaja S.I.

El papa Francisco, lector de Dostoievski

Hay una obra de Guardini que Bergoglio conoce bien, al menos desde la época de su rectorado en las facultades de Filosofía y Teología de San Miguel. Se trata de El universo religioso de Dostoyevski, en el que el maestro renano analiza el mundo de los personajes del escritor ruso.[1] En la época en que Bergoglio era rector del Colegio Máximo de San Miguel recomendaba la lectura de esta obra, que circulaba entre los estudiantes.[2] Su lectura personal del novelista ruso se había visto enriquecida con el estudio de Guardini y con su reflexión sintética y sistemática de todo un «universo religioso» presente en las obras del autor ruso. Es interesante comprender cómo la reflexión de Guardini sobre Dostoievski tuvo un influjo en Francisco, llevándolo a afirmar que «el pueblo es un concepto mítico».

Esta afirmación del Papa aparece en varias publicaciones. En una conversación con nuestro director dijo: «Hay una palabra muy maltratada: se habla mucho de populismo, de política populista, de programa populista. Pero esto es un error. “Pueblo” no es una categoría lógica ni una categoría mística, si la entendemos en el sentido de que todo lo que hace el pueblo es bueno o en el sentido de que el pueblo es una categoría angelical. ¡No! Es una categoría mítica, si acaso. Repito: “mítica”. Pueblo es una categoría histórica y mítica. El pueblo se hace en un proceso, con el empeño dirigido hacia un objetivo o un proyecto común. La historia es construida por este proceso de generaciones que se suceden dentro de un pueblo. Hace falta un mito para comprender al pueblo. Cuando explicas qué es un pueblo utilizas categorías lógicas, porque lo tienes que explicar: esas categorías son necesarias, por cierto. Pero no explicas así el sentido de la pertenencia al pueblo. La palabra “pueblo” tiene algo más que no puede explicarse de manera lógica. Ser parte del pueblo es formar parte de una identidad común hecha de lazos sociales y culturales. Y esta no es una cosa automática. Más aún: es un proceso lento, difícil… hacia un proyecto común».[3]

Y, en fecha reciente, en otra entrevista, dijo el Papa: «Para comprender a un pueblo, comprender cuáles son sus valores, es necesario entrar en el espíritu, el corazón, el trabajo, la historia y el mito de su tradición. Este punto está realmente en la base de la teología denominada “del pueblo”. Significa ir con el pueblo, ver cómo se expresa».[4] Por tanto, también para «predicarle al pueblo hay que mirar, saber mirar y saber escuchar, entrar en el proceso que vive, sumergirse».[5]

En estas palabras del Papa encontramos algunos elementos que nos invitan a una reflexión: la distinción entre «categoría lógica» y «categoría mítica», distinción que lleva a reflexionar acerca del método; las expresiones que permiten entrar en el corazón del pueblo, que determinan el objeto de la reflexión y la necesidad de «ir con el pueblo», que nos señala el lugar teológico de la reflexión.

Al principio de su estudio sobre Dostoievski afirma Guardini lo mismo que escuchamos decir a Bergoglio: «El pueblo es un ser de existencia mítica» (19).

Pero ¿qué significa que pueblo sea una «categoría mítica», que el pueblo tenga «una existencia mítica»?

Los mitos de Platón

Una primera aclaración debemos buscarla en la enseñanza de Platón, uno de los maestros del pensamiento de Occidente, cuya reflexión filosófica partía, precisamente, de las expresiones míticas. Sintetizando, podemos decir que, para Platón, el mito es expresión de ese nivel de la existencia intermedio entre el mundo de las ideas y el mundo material.[6] Es el seno materno, la matriz donde se generan las realidades concretas a partir de una idea eterna.