Contra el espíritu de «ensañamiento»

Diego Fares S.I.

El «espíritu de ensañamiento» es algo que siempre ha estado presente en la historia de la humanidad. Cambia de forma, pero siempre se trata del mismo dinamismo que lleva a unos a ensañarse contra los otros. Se manifestó por primera vez en la rabia de Caín, que lo llevó a matar a su hermano, y se sigue desencadenando en la furia del demonio, que al no poder matar a la Mujer —figura de la Iglesia—, se dirige contra el resto de sus hijos (cf. Gen 4, 6 y Ap 12, 17). Las nuevas formas toman hoy nombres como bullying y encarnizamiento mediático.

En una reciente homilía en Santa Marta, el papa Francisco reflexionó acerca del misterio del mal que se revela en el bullying, en la acción de «agredir al débil»: «Los psicólogos darán buenas explicaciones, profundas —añadió—, pero yo solo digo (que lo hacen) también los niños […], y esta es una de las marcas del pecado original, esta es obra de Satanás».[1]

La mención a Satanás nos advierte acerca del carácter decididamente espiritual de un comportamiento que, por algunas expresiones que usamos para nombrarlo —«accanimento» en italiano, «encarnizamiento», en español—, sería obvio pensar que se trata de algo animal, cuando en realidad no es así. Mezclado y confundido con lo carnal se esconde un «plus» de ferocía y de crueldad gratuita, que produce gran desasosiego y confusión mental cuando vemos sus efectos. Pensemos en la adolescente que se suicida al no soportar ver una triste imagen íntima suya viralizada en internet.

El espíritu de ensañamiento es demoníaco, en el sentido de antinatural: no solo es destructivo, sino autodestructivo; es contagioso y genera efectos nocivos a nivel social: orfandad, sentimientos de desasosiego y desarraigo, confusión. Y dado que se esconde y se confunde dentro de otros fenómenos, es necesario exponerlo a la luz del discernimiento espiritual para no equivocarse acerca del modo de resistirlo: es posible, por ejemplo, contagiarse de su dinamismo perverso mientras se está combatiendo contra alguno de sus efectos.

Hay que tener en cuenta que, junto con el ensañamiento groseramente destructivo, hay otro «educado»[2] que actúa de manera más solapada pero con idéntica y sistemática crueldad. ¿No es acaso sintomático que utilicemos el término «inhumano» o «deshumanizar», sin reflexionar a veces que con ellos no queremos decir «animal» sino algo de otra naturaleza?

Una breve fenomenología del «espíritu de ensañamiento» nos ayudará a reconocerlo mejor para poder interpretar su malignidad de modo tal que se active el deseo de resistirlo con la ayuda del Espíritu, de rechazarlo y expulsarlo de nuestro interior y de las estructuras sociales en las que se encarna. Como dice la oración del «Ven Creador»: Hostem repellas longius, «Repele al enemigo lo más lejos posible».

Para comprender de qué modo se puede resistir sin contagiarse tendremos en cuenta una recomendación que el papa Francisco hizo en su encuentro con los jesuitas de Perú, durante su último viaje apostólico a Latinoamérica. En aquella ocasión mencionó un pequeño libro —Las cartas de la tribulación—[3] del cual afirmó que: «Son una maravilla de criterios de discernimiento, de criterios de acción para no dejarse chupar por la desolación institucional»[4] y «atinar con el camino a seguir» en «momentos de turbación, en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etc., es levantada por los acontecimientos culturales e históricos». Hay «varias tentaciones (que son) propias de este tiempo: discutir las ideas, no darle la debida importancia al asunto, fijarse demasiado en los perseguidores […], quedarse rumiando la desolación…».[5]

De las distintas tentaciones que se dan en tiempo de tribulación pondremos en evidencia la del «espíritu de ensañamiento», mediante el cual el espíritu maligno no solo nos tienta a oponer resistencia a la gracia, sino que da un paso más: nos involucra y nos convierte en cómplices de su afán por destruir nuestra propia carne.

Fenomenología del ensañamiento

Cuando hay ensañamiento todos reaccionamos «visceralmente». Las distintas lenguas expresan este fenómeno haciendo hincapié en diversos aspectos. En italiano se usa la expresión accanimento, que tiene en cuenta al sujeto —el perro— y destaca el aspecto subjetivo de la ferocidad. En español, «encarnizamiento» hace referencia a la carne, considerando el objeto sobre el que se desata la furia. El inglés y el francés hablan de fierness y ferocité resaltando la ferocidad de la acción misma. En alemán, Hartnäckigkeit significa «dureza de cerviz» y destaca un rasgo físico, que grafica una determinación despiadada y pertinaz en la prosecución de su objetivo.

Para leer el texto completo, haga clic en …