Crisis económica mundial

A diez años de la caída
de Lehman Brothers

 — Fernando de la Iglesia Viguiristi S.I. —

Introducción

En el otoño de 2008 un tsunami devastó las finanzas mundiales arrastrando consigo a instituciones bancarias centenarias y provocando el pánico en los principales mercados monetarios. En menos de un mes las acciones que cotizaban en Wall Street habían perdido un tercio de su valor y, consecuentemente, se habían esfumado algunos trillones de dólares.

En septiembre de 2008 Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos —el Banco Central de ese país— y gran conocedor de la época de la Gran Depresión, llegó a afirmar, durante la presentación de su Troubled Asset Relief Program (TARP) a los líderes del Congreso de los Estados Unidos: «Sin estas medidas, el lunes próximo podríamos no tener una economía».

¿Fue una exageración? El hecho es que el mundo acababa de entrar en la recesión más profunda desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Además, la caída de la economía fue tan fuerte que hizo recordar justamente la triste experiencia de la Gran Depresión.

El origen de esta crisis económica fueron, una vez más, como en los años treinta, las finanzas. Se inició con el shock del sector inmobiliario en el verano de 2007 en los Estados Unidos. Más precisamente, partió en el mercado de las hipotecas de alto riesgo (las llamadas «hipotecas subprime»). En 2006 este tipo de créditos hipotecarios con pocas probabilidades de ser cobrados constituían solamente el veinte por ciento de los préstamos inmobiliarios.

Increíblemente, las dificultades de este sector específico, que no era el mayor del sistema financiero estadounidense, sacudieron los mercados financieros del mundo entero. El terremoto financiero se transmitió a la economía real de los Estados Unidos y, de allí, al resto del planeta.

Los datos son bien conocidos. La producción mundial cayó en 2009 por primera vez desde hacía décadas. La economía estadounidense y las economías de los países desarrollados y subdesarrollados sufrieron dolorosas recesiones. La tasa de desocupación llegó hasta el 9,6 % en los Estados Unidos, y alcanzó el 25 % en España. Solo las economías emergentes, parecieron, al menos al principio, estar en condiciones de detenerse justo al borde de la hecatombe.

¿Cómo pudo suceder todo esto? ¿Qué origen tuvo? ¿Cómo pudo verificarse un desastre de semejantes proporciones en un mundo tan sofisticado? Tal vez valga la pena reflexionar sobre el hecho de que estamos en la primera gran crisis experimentada por nuestro mundo en una era de creciente globalización y que, sin este último elemento contextual, la recesión no habría sido ni tan profunda ni tan extensa. Algo no ha funcionado en nuestra aldea global.

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