Cuerpo y carne

Cuerpo y carne

Fundamentos patrísticos en Ireneo y Tertuliano

 — Paulo Duarte S.I. —

 

El ser humano ¿tiene un cuerpo o es cuerpo? La filosofía, en particular la fenomenología, es el ámbito de estudio que más se ha ocupado de esta cuestión. Sin embargo, también la teología tiene mucho que decir y debe examinar en profundidad la cuestión a partir del diálogo con los datos filosóficos, porque, entre otras razones, el cristianismo es la religión del cuerpo de Cristo. «Está en el hombre. Está en el hombre entero. No solamente el espíritu, sino también el cuerpo. No el cuerpo separado, sino la carne como presencia, palabra, espíritu. Está en todo lo que habita en el ser humano, incluidos lo oscuro, lo bajo, retomado, transfigurado, transmutado».[1] Maurice Bellet presenta de esta manera lo que podría decirse de la presencia divina en el cuerpo, pero el hecho de percibir la relación entre lo divino y lo humano no es nuevo, porque, como es sabido, el cristianismo ha determinado una inflexión en el modo de concebir a Dios y al ser humano. Si hoy la encarnación de Dios suscita todavía escándalo, al comienzo del desarrollo del pensamiento cristiano suscitó aún más: ¿cómo podía pensarse que el Logos, el Salvador, pudiese encarnarse, condicionando así todo aquello que significa «ser humano»?

Los padres de la Iglesia dedicaron mucho tiempo a hacer la apología de la auténtica visión cristiana, en particular a justificar novedades tan grandes como la encarnación y la resurrección del Hijo de Dios. En este estudio no nos detendremos en la apologética en general, ni en los padres de la Iglesia tomados individualmente: en cambio, procuraremos demostrar cómo la realidad corporal, en lo específico de la esencia carnal, de la humanidad que el Hijo de Dios asumió al nacer de las entrañas de una mujer, constituye la totalidad del ser humano. De ese modo, distanciándonos de una antropología dualista que sostiene la separación cuerpo-alma, llegaremos a percibir, partiendo del pensamiento de Ireneo de Lion y de Tertuliano, la importancia de la carne como portadora de vida divina.

Ireneo de Lion: el cuerpo en la historia

Ireneo de Lion está considerado como un pensador representativo de la vitalidad de la Iglesia en su desarrollo inicial.[2] Nacido en Esmirna en los años 130-140, creció en el seno de una familia cristiana, fue ordenado sacerdote y en 177 sucedió a Potino como obispo de Lion. En cuanto a la fecha de su muerte, probablemente se sitúa entre 202 y 203, en tiempos de la persecución de Septimio Severo.

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