Discernimiento ético y cuestiones económico-financieras

GianPaolo Salvini S.I.

El 17 de mayo de 2018 fue presentado en la Oficina de Prensa de la Santa Sede un documento vaticano titulado Consideraciones para un discernimiento ético acerca de algunos aspectos del actual sistema económico y financiero, elaborado conjuntamente por la Congregación para la Doctrina de la Fe y por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral[1] y aprobado por el Papa.

Como se comprende a partir del título, dos de los dicasterios más representativos de la Santa Sede se han involucrado en un sector que toca mecanismos muy técnicos del mundo financiero y monetario de la economía moderna, convencidos de que es tarea de la Iglesia hacer oír su voz también en esta materia a fin de resaltar sus dimensiones éticas.

Naturalmente, no le corresponde a la Santa Sede adentrarse en la especificidad técnica de estos problemas, a veces arduos también para los mismos operadores y para los responsables de la política económica. Pero «las cuestiones económicas y financieras, nunca como hoy, atraen nuestra atención debido a la creciente influencia de los mercados sobre el bienestar material de la mayor parte de la humanidad» (n. 1).

Por eso, la preocupación del documento es asegurar que las dinámicas económicas y financieras tengan una clara fundamentación ética —fundamentación que ellas han demostrado ser incapaces de integrar por sí solas— y una adecuada regulación. Por lo demás, desde muchas partes se llama a la gestación de un necesario equilibrio entre saber técnico y sabiduría humana, que podría ayudar a conducir a la humanidad hacia un bienestar real e integral.

El lenguaje del documento es llano y sustancialmente accesible también para personas no especialistas. Además, tiene un detalle que no debe subestimarse: no demoniza la economía moderna ni sus mecanismos fundamentales.

La Iglesia está llamada a favorecer la promoción integral de toda comunidad humana como horizonte último del bien común, que ella se propone realizar en cuanto «sacramento universal de salvación». Este bien común es una anticipación del reino de Dios que la Iglesia está llamada a anunciar y a instaurar en cada ámbito de la actividad humana. El reino se expresa también en amor social, civil y político, y, por tanto, tiene que ver no solo con las relaciones entre los individuos, sino también con «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas».[2]

Por eso la Iglesia propone al mundo una «civilización del amor» como ideal. «El amor al bien integral, inseparablemente del amor a la verdad, es la clave de un auténtico desarrollo» (n. 2). La Iglesia reconoce entre sus tareas primarias la de recordar a todos algunos principios éticos claros. No hay espacio de actuación humana que pueda pretender ser ajeno a una ética fundada en la libertad, en la verdad, en la justicia y en la solidaridad. En efecto, la redención que Jesucristo nos ha traído no incumbe solo a la persona individual, sino también a las relaciones sociales.

Algunas consideraciones de fondo

Sin duda, en la segunda mitad del siglo XX el bienestar económico global se ha acrecentado en una medida y con una rapidez nunca antes vistas, pero, al mismo tiempo, han aumentado las desigualdades entre los diferentes países y dentro de ellos. Es increíble pensar que diez personas puedan ser dueñas de la mitad de las riquezas del mundo, como señalaba el cardenal Ladaria en la presentación del documento.

La reciente crisis financiera podría haber supuesto una ocasión para desarrollar una economía más atenta a los principios éticos y para una mejor regulación de la actividad financiera, neutralizando (o, al menos, reduciendo) sus aspectos predatorios y especulativos y valorizando su servicio a la economía real. Pero, a pesar de los laudables y positivos esfuerzos realizados, no se ha llegado a una revisión de los criterios obsoletos que siguen gobernando el mundo, a menudo marcados por un egoísmo miope y limitado, a corto plazo, que prescinde del bien común y está dominado por la lógica del enfrentamiento.

Para leer el texto completo, haga clic en …