Discernir la fe en una cultura poscristiana

Evangelii gaudium

e

l papa Francisco nos recuerda la importancia del diálogo para comprender las convicciones de otras creencias. Pero hace hincapié también en la importancia que tiene el amor agápē para no ceder a influencias externas, ni a fundamentalismos que hagan quebrar el lógos cristiano.

Para dar clarividencia a este tema, surgen tres principios: La “jerarquía de las verdades” citada por el papa en el nº 36 de Evangelii gaudium nos ayuda a ver lo mucho que podemos aprender unos de otros. La “evolución de la doctrina” ayuda a comprender cómo actúa la tradición frente a sucesos históricos nuevos. Y el principio también expuesto en la exhortación apostólica evangelii gaudium de “fe viviente” mediante el cual la doctrina cristiana es un sistema vivo, lleno de interrogantes.

Así, a través del discernimiento para comprender las diferentes formas de pensar, del diálogo respetuoso y del amor agápē podremos solventar diversas controversias entre los cristianos, heredadas del pasado, y lograr finalmente la unidad.

Por Paolo Gamberini S.I.

 

En su discurso a los participantes en la Conferencia Internacional para la Paz celebrada en Al-Azhar (El Cairo, Egipto) el 28 de abril de 2017, el papa Francisco recordó que el diálogo a nivel global puede darse siempre que se observen tres reglas fundamentales: 1) el deber de respetar la propia identidad y la de los otros; 2) la valentía de aceptar las diferencias; 3) la voluntad de reconocer la sinceridad de las intenciones del otro.[1]

En su exhortación apostólica Evangelii gaudium (EG) el Papa recuerda que «la verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias convicciones más hondas, con una identidad clara y gozosa, pero “abierto a comprender las del otro” y “sabiendo que el diálogo realmente puede enriquecer a cada uno”» (n. 251). Estar radicados en las propias tradiciones y abiertos a los demás son aspectos constitutivos de la fe cristiana.

El lógos de la fe

Desde el comienzo, el lógos de la fe cristiana ha estado influenciado por diferentes escenarios culturales: helenización, escolástica medieval, Reforma, Ilustración, modernismo, Ressourcement y pluralismo. ¿Cómo puede el lógos de la fe cristiana permanecer fiel a su identidad y, al mismo tiempo, estar abierto a los procesos culturales que se desarrollan en nuestro ambiente globalizado y de múltiples credos religiosos?

Para responder a esta pregunta podemos referirnos al discurso que Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona el 12 de septiembre de 2006, en el que subrayó que la fe cristiana debe mantener la convicción de que la «violencia» es incompatible con la naturaleza de Dios y con la de la razón. No actuar de manera razonable (syn lógō) y, por tanto, hacerlo con violencia es contrario a la naturaleza de Dios. De ese modo, el Papa quiso unir indirectamente lógos y agápē, razón y no violencia, afirmando que «el Dios verdaderamente divino es el Dios que se ha manifestado como logos y ha actuado y actúa como logos lleno de amor por nosotros». Esto nos recuerda la condición epistemológica que formula Agustín para todo conocimiento de la verdad: Non intratur in veritatem nisi per caritatem («No se entra en la verdad como no sea a través de la caridad»).[2] La agápē permite al lógos de la fe cristiana permanecer abierto a los cambios que la Iglesia vive en el mundo sin ceder a formas de fundamentalismo y evitando toda forma de «Benedict option».[3]

En su primera entrevista a La Civiltà Cattolica el papa Francisco afirmó que «Dios se manifiesta en una revelación histórica, en el tiempo. El tiempo comienza los procesos, el espacio los cristaliza. Dios se encuentra en el tiempo, en los procesos que están en curso».[4] El lógos de la fe cristiana debe estar dispuesto a dejar de lado toda forma de cristalización y de rigidez, a volverse cada vez más un «proceso de discernimiento» en el mundo y en la historia de las culturas humanas. El papa Francisco describe este proceso como acogimiento de las «distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral» (EG 40). El lógos que informa la fe cristiana no es «una doctrina monolítica defendida por todos sin matices», sino que cobra forma en una pluralidad y diversidad sustanciales que ayudan «a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio» (ibíd.).

Para este proceso de discernimiento formularemos tres principios que pueden guiarnos en nuestra tarea ecuménica y ayudarnos a reconciliar las doctrinas de fe entre las Iglesias cristianas: el primero es el principio de la «jerarquía de las verdades»; el segundo es el principio de la «evolución de la doctrina»; el tercero es el principio de la «fe viviente».

Una vez vistos los objetivos de nuestra argumentación, los términos «doctrina» y «dogma» se entienden como sinónimos, sin considerar la cuestión de la autoridad, que es lo que distingue el segundo término del primero. Por una parte, no todas las doctrinas de fe y de moral se han tornado en dogma, sino solo aquellas que han sido reconocidas por la más alta autoridad de la Iglesia —los concilios y el magisterio infalible del Papa— como reveladas por Dios o intrínsecamente ligadas a la revelación; por otra parte, tanto las doctrinas como los dogmas se consideran «enseñanzas» de la Iglesia católica vinculantes para todos los fieles.

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