Por una economía global justa

Economía global justa

Construir sociedades sostenibles e inclusivas

 — GianPaolo Salvini S.I. —

 

En junio de 2016 el P. Adolfo Nicolás, ex prepósito general de la Compañía de Jesús, transmitió a todos los jesuitas un documento que sugería un mayor compromiso con la causa de la justicia económica mundial para servir mejor a los hermanos y hermanas víctimas de economías y estructuras sociales injustas.[1]

El documento nació para responder al llamamiento del papa Francisco, que habló y escribió muchas veces de manera elocuente y crítica acerca de los sistemas económicos injustos. El papa, dice la carta, «ha pedido con insistencia que identifiquemos las injustas y crueles fuerzas de la economía de mercado, que deja tantos excluidos y sin nada».

A este fin, en el año 2015 un grupo de economistas y teólogos, jesuitas y expertos laicos de todo el mundo reunidos por el Secretariado para la Justicia Social y la Ecología y por el Secretariado para la Educación Superior de la Curia Generalicia de la Compañía de Jesús elaboró un documento titulado «Por una economía global justa: construir sociedades sostenibles e inclusivas».[2]

El objetivo del dicho documento no era tratar de manera exhaustiva las cuestiones importantes, sino ofrecer un texto como base para ulteriores discusiones, investigaciones y, según se espera, para acciones concretas y de patrocinio (advocacy). También a nivel de jesuitas individuales, de comunidades y de instituciones locales es necesario evitar ante todo que estos temas sean descuidados por considerarse que superan nuestras posibilidades por ser tanto individual como colectivamente insignificantes, es decir, demasiado pequeños y débiles para estos escenarios mundiales. «No olvidemos que el esfuerzo unificado y perseverante por cambiar las actitudes, las instituciones y las estructuras hace posible un verdadero progreso».[3]

El papa Francisco ha afirmado varias veces con fuerza que la humanidad se encuentra en una encrucijada importante de su historia. La posibilidad de un avance real está comprobada por el hecho de que un acceso cada vez mayor a la educación a todos los niveles, una mejor asistencia sanitaria, una tecnología más avanzada y un sistema de comunicación más rápido en estas últimas décadas han hecho posible para muchos alcanzar un nivel mucho más alto de bienestar (cf. Evangelii gaudium [EG], n. 52). Al mismo tiempo, el papa ha subrayado incansablemente que muchas, demasiadas personas siguen viviendo en una precariedad cotidiana. Por tanto, la comunidad humana global se encuentra en un punto crítico: ¿podrán las conquistas económicas alcanzadas acarrear beneficios a todos, o serán exclusivas de una minoría privilegiada? El diagnóstico del papa lo induce a formular un juicio severo sobre la dirección que estamos siguiendo: grandes masas humanas no tienen parte en el mayor bienestar que hoy es posible.

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