Educar a los hijos según Amoris Laetitia

Educar a los hijos según Amoris Laetitia. Pedagogía del amor
Educar a los hijos según Amoris Laetitia. Autor de la imagen: Juan Galafa.

Coincidiendo con el inicio del curso escolar, os presentamos una reflexión sobre Amoris Laetitia, la Exhortación Apostólica posterior a los sínodos de 2014 y 2015, que contiene el mensaje del papa Francisco a las familias.

La Exhortación tiene una doble vertiente: por un lado, constituye la guía pastoral de la familia para las parejas y los diferentes actores eclesiásticos encargados de difundirla. Por otro lado, el artículo destaca la intencionalidad pedagógica del Papa, quien a lo largo de su vida evangelizadora insiste en la necesidad de hacer comprensible el discurso a quien lo recibe.

Como maestro, el papa Francisco utiliza un esquema didáctico basado en la tríada “una imagen, una idea, un sentimiento” para hacer más cercano el mensaje que desea transmitir. En el ámbito concreto de la educación, la pedagogía del amor fundamenta Amoris Laetitia, de la misma manera que la alegría del amor debe ser la base de la vida familiar, el contexto vital ideal donde se enseña a amar y a desarrollar la libertad. 

Por Diego Fares S.I.

Cuando el papa Francisco alza la vista del papel, o directamente se lo entrega al encargado para que lo reparta luego, y comienza a hablar mirando a sus interlocutores y sopesando lo que siente en su corazón, se nota que tiene alma de maestro. Un maestro atento a lo que pueden asimilar sus alumnos y no tanto a la brillantez de su discurso. De esta intención pedagógica brotan no solo sus intervenciones espontáneas sino también sus escritos más elaborados.

Una síntesis sencilla de su pedagogía puede verse en esa recomendación que hace en Evangelii Gaudium a propósito de la prédica: «Una buena homilía, como me decía un viejo maestro, debe contener “una idea, un sentimiento, una imagen”» (EG 157). El papa Francisco ama hablar con imágenes, porque las imágenes no se dirigen solo al razonamiento, como los ejemplos, sino que « ayudan a valorar y aceptar el mensaje que se quiere transmitir […] como algo familiar, cercano, posible, conectado con la propia vida» (íd.). Esto es algo más profundo que un mero recurso pedagógico: es confianza en la fuerza que el Evangelio tiene por sí mismo, en cuanto «semilla que crece y da fruto por sí sola» (Mc 4, 26-29).

Nuestra reflexión sobre el capítulo 7 de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia (AL)[1] —«Fortalecer la educación de los hijos»—, tiene un supuesto: que en los consejos que el Papa da a los padres se puede encontrar luz para comprender toda su tarea Magisterial.[2] El Cardenal Schönborn decía en la presentación de la Exhortación que «resulta muy iluminador poner en relación los pensamientos del santo Padre sobre la educación de los hijos con sus pensamientos de toda la praxis pastoral de la Iglesia».[3]

En primer lugar aplicaremos a la Exhortación entera el esquema pedagógico de «una imagen, una idea, un sentimiento», luego nos centraremos en dos aspectos de la pedagogía de Francisco que a nuestro parecer son claves: su atención al contexto vital de la educación y el carácter sapiencial de sus criterios pedagógicos.

Una imagen, una idea, un sentimiento

Como imagen-símbolo de la pedagogía de Amoris Laetitia, se destaca la «feliz escena del film La fiesta de Babette,[4] donde la generosa cocinera recibe un abrazo agradecido y un elogio: “¡Cómo deleitarás a los ángeles!”» (AL 129). La escena del agradecimiento final de los invitados sintetiza un proceso en el que los gestos de Babette van cambiando la expresión del rostro de sus comensales. Paso a paso, la cocinera les va sirviendo sus platos, exquisitamente preparados, y provoca en ellos el deleite del que se siente amado de modo tan sobreabundante que le cambia el humor y le convierte el corazón. La pedagogía de Babette para con esa familia es la pedagogía de la alegría del amor expresado en pequeños gestos. Esta es la pedagogía que el santo Padre valora como presente en la vida de las familias y que propone como ejemplo a seguir y a cultivar. Las recomendaciones del punto 7, acerca de no hacer una «lectura general apresurada» de la Exhortación, sino profundizar «pacientemente parte por parte» o buscar «en ella lo que puedan necesitar en cada circunstancia concreta», se entienden bien si uno tiene en mente el modo de deglutir los alimentos en La fiesta de Babette. Los consejos acerca de la educación de los hijos van también por el lado de «alimentarlos» pacientemente, haciéndoles sentir que son «preciosos» (AL 263), como sucede en el filme.

La idea pedagógica de Amoris Laetitia se puede expresar con un verbo: «facilitar». Francisco la expresa contraponiendo dos imágenes: la de la «Iglesia aduana» contra la imagen de la «Iglesia casa paterna», en la que todos los hijos encuentran su lugar (AL 310). Hablando del ejercicio de transmitir la fe a los hijos, el Papa precisa que transmitir quiere decir facilitar la «expresión y crecimiento» de la fe (AL 289). De esta manera el esfuerzo que supone educar no se concentra en formular verdades u obligar comportamientos. Todo lo contrario, el Papa anima a facilitar. «Es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen» (AL 287). Con los adolescentes, el Papa aconseja «estimular sus propias experiencias de fe», y más que darles muchos consejos, acercarles modelos de personas cuyo testimonio «se imponga por su sola belleza» (AL 288).

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