El buen pastor

El buen pastor

Algunas características del liderazgo de Jesús

— Pino Di Luccio S.I. —

En el Evangelio de Juan se presenta y explica la condición mesiánica de Jesús mediante dos símiles: la «puerta (de las ovejas)» y el «buen pastor» (cf. Jn 10,7.11), que están en relación con las novedades del templo profetizadas por la Sagrada Escritura: la «puerta» hace referencia a las expectativas de un nuevo templo, y el «pastor», al liderazgo del templo.[1] En Jn 10 estos aspectos tienen por contexto los recuerdos y las celebraciones de la Fiesta de las Luces, la «Janucá»: en el cuarto Evangelio, Jesús es la puerta de las ovejas porque es el buen pastor; él es la novedad del templo porque es un sumo sacerdote nuevo.

Desde el punto de vista social y religioso, la explicación de la condición mesiánica de Jesús como «puerta de las ovejas» y como «buen pastor» puede situarse en el contexto de una fuerte crisis de liderazgo sacerdotal. En efecto, en el siglo I d. C. un cierto número de miembros de familias sacerdotales judías se encontró reducido a condiciones de marginación a causa de disputas con otros grupos de sacerdotes. Los nombramientos arbitrarios de sumos sacerdotes y la corrupción generada por tales nombramientos confirieron mucho poder a algunas familias de sacerdotes comunes.

Por otra parte, estos nombramientos causaron el empobrecimiento de algunos sacerdotes y una situación anómala que favoreció rivalidades, antagonismos e injusticias.[2] Algunos sacerdotes y familias de sumos sacerdotes se aliaron con los romanos para conservar una condición respetable y para gozar de privilegios y favores. Para ellos, el liderazgo religioso tenía connotaciones políticas y de poder. En cambio, para otros sacerdotes —caracterizados por una fe sencilla y por condiciones sociales modestas—, el liderazgo tenía un significado predominantemente espiritual.

La «puerta de las ovejas» y el «buen pastor»

El texto del cuarto Evangelio —en el que Jesús se identifica con la «puerta de las ovejas» y con el «buen pastor»— está contextualizado desde el punto de vista literario entre la Fiesta de las Tiendas (sukkot), y la Fiesta de la Dedicación (chanukkah) (cf. Jn 7,2; 10,22-23). Con la Fiesta de la Dedicación se celebra el recuerdo de la nueva dedicación del templo y de la consagración del altar, que tuvieron lugar en 165/164 a. C., después de la profanación que siguió a las medidas de helenización impuestas en Judea por Antíoco IV Epífanes (cf. 1 Mac 1,54; 4,41-61; 2 Mac 1,9.18; 6,1-7; 10).

El término griego con el que se designa esta fiesta, enkainia, significa «renovación», y solo se menciona aquí en el Nuevo Testamento. El recuerdo de la dedicación del templo y las lecturas de la fiesta —sobre los príncipes y los «pastores»— son un contexto litúrgico apropiado para la terminología de Jn 10, donde Jesús habla de sí mismo como del pastor que cumple las profecías de la «renovación» y de las «novedades» del templo.

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