El trabajo 4.0

Trabajo 4.0
Trabajo 4.0

A

lo largo del tiempo, el mundo laboral se ha visto sometido a varias revoluciones industriales que han ido moldeando, con cambios rápidos y constantes, la definición de “trabajo”. En la cuarta Revolución Industrial en la que nos encontramos actualmente, se ha producido la transformación digital de la industria y conceptos como Trabajo 4.0, también denominado Smart Working, aparecen en el vocabulario común.

Sin embargo, este nuevo concepto no hace referencia únicamente a la introducción de las tecnologías digitales en las empresas, sino que nos encontramos frente a un nuevo modelo de negocio con nuevos escenarios, donde el horario, el lugar y las tareas ya no constituyen criterios de medición del trabajo. El smart working, el trabajo inteligente, orienta la prestación del mismo a los resultados obtenidos y no al “tiempo” invertido.

Asimismo, junto a este término también aparece el del trabajador inteligente, que destaca por una mayor autonomía, flexibilidad y responsabilidad sobre los resultados, y por mayores competencias técnico-profesionales. Es necesario, además, que el trabajador tenga un sólido equilibrio humano y espiritual. Debe seguir siendo el sujeto de la tecnología, y no el objeto. La tecnología se entiende como fruto de su inteligencia y no al revés.

La cuarta Revolución Industrial, por tanto, exige la reestructuración de los modelos de organización del trabajo, replantear el papel del trabajador y la nueva cultura de la empresa, definidos por la colaboración, la responsabilidad y la flexibilidad.

Francesco Occhetta ha colaborado con la revista La Civiltà Cattolica Iberoamericana con artículos como la interpretación de la filosofía moderna por Zygmunt Bauman y la gestión política de la inmigración.

Por Francesco Occhetta S.I.

En los últimos años el mundo del trabajo ha cambiado de forma tan rápida que ha revolucionado costumbres, estilos de vida y modelos antropológicos y éticos portadores de grandes preguntas de fondo. Por ejemplo, ¿qué significa «trabajo» (humano)? ¿Cuáles deben ser los (nuevos) derechos y deberes del trabajador? ¿En qué condiciones puede contribuir el trabajo al progreso «material y espiritual de la sociedad», que la Constitución italiana exige en su art. 4? Y, además, ¿cómo se puede derrotar la desocupación y qué formación hay que garantizar a los jóvenes de modo que estén preparados para el trabajo del futuro?

La misma definición de «trabajo» ha tenido que someterse a cuatro revoluciones. En 1794, con el nacimiento de la máquina de vapor y, en consecuencia, con la explotación de la potencia del agua y del vapor para mecanizar la producción, el trabajo humano se vio marcado por un hito de cambio. A esta primera revolución siguió una segunda, la de la fábrica, nacida hacia finales de 1870 y representada a nivel simbólico por los establecimientos que la Ford poseía en Detroit. Era el tiempo de la producción en masa a través del uso de la electricidad, del motor a explosión y de una creciente utilización del petróleo como nueva fuente de energía. En 1940 nace la informática y, con ella, la tercera revolución industrial, y en 1982 la revista Time premia a la computadora personal como el «hombre (o la máquina) del año», por ser «joven, fiable, silenciosa, limpia e inteligente». Por último, en abril de 2013 se inicia de forma oficial en Alemania la cuarta revolución industrial, definida como Industry 4.0, que tiene que ver con los desarrollos de la inteligencia artificial, las nanotecnologías, las biotecnologías y lo digital y sus aplicaciones en el mundo del trabajo.

Un ejemplo de trabajo 4.0: el smart working

El modelo sobre el que se basan las primeras tres revoluciones, es decir, las relaciones verticales y horizontales, el espacio y los tiempos de trabajo, cambia de significado. Pensemos en el trabajo intelectual y en los que van ligados a la gestión de las administraciones de empresas públicas y privadas. En el nuevo escenario que se está configurando no será tan necesario trasladarse a la empresa, tal vez después de un fatigoso desplazamiento, para elaborar documentos o responder al correo electrónico, cuando buena parte del trabajo puede hacerse desde casa en un horario a elegir por cada cual. Sin duda, en los planos político y legislativo la subordinación sigue vinculada al concepto de suministro de la prestación laboral. No obstante, las grandes empresas han iniciado ya un cambio que parece incontenible. La desintermediación cambia tanto los espacios, gracias a las plataformas virtuales que permiten trabajar conectados, como los tiempos de trabajo, que en el futuro no estarán ligados a la cantidad de horas, sino a la calidad de la productividad.