Entre la oscuridad y la luz. Los itinerarios de Leonard Cohen

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l 7 de noviembre de 2016 falleció Leonard Cohen, cantautor, poeta y escritor canadiense. Leonard Cohen elaboró siempre una poética introspectiva con un modo de observar la realidad muy diferente a la poética de Bob Dylan. Una poesía que se encuentra con el imaginario bíblico y la cultura tradicional judía, basada en las experiencias de vida del autor. Cohen se adentra en el misterio de la vida, escruta sus límites, las creencias, las esperanzas y los dolores.

Las canciones de Leonard Cohen reflejan la complejidad de la vida y ayudan a formarse una visión amplia sobre la existencia humana. A su vez, la poesía de Leonard Cohen revela una tensión dinámica de los opuestos que forman parte de ese universo humano: el de la vida y la muerte, de la oscuridad y la luz… Como observamos en sus canciones, se hacen presentes diversos flujos de pensamiento que se encuentran, se cruzan o se chocan.

La lectura de la Biblia marcará el corazón y la música de Leonard Cohen, así como su estilo de escritura, cargado de metáforas, personas y continuas referencias a la religión judía. Temas como la misericordia y el amor han estado presentes en algunos versos de las diferentes producciones de Cohen, con una tensión entre el amor pasional e infinito y la misericordia ante el sufrimiento y el dolor de las heridas experimentadas durante la vida.

Un camino existencial que se prepara para un final, un regreso a casa, después de la «carga» del peso de la vida. Versos que enfatizan la complejidad de su propia vida de artista, con música melancólica, austera y casi minimalista.

Por Claudio Zonta S.I.

El 7 de noviembre de 2016, en Los Ángeles, falleció Leonard Cohen, cantautor, poeta y escritor canadiense. Pocas semanas antes había publicado su último trabajo discográfico, titulado You Want It Darker, aparecido el 21 de octubre de 2016, apenas unos días después de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Refiriéndose a la distinción de Dylan durante un evento organizado en el consulado canadiense de Los Ángeles, Cohen afirmó que «es como ponerle una medalla al monte Everest por ser la montaña más alta del mundo».[1]

Aun habiendo compartido el mismo camino de la canción, de la poesía y de la escritura, hay entre ambos artistas —unidos por el origen judío— una poética y un modo de observar la realidad muy diferentes: si la escritura de Bob Dylan[2] nace del seno de la tradición de los folk singer estadounidenses, con su relato narrativamente crudo e impetuoso, Leonard Cohen elabora una poética introspectiva, que se encuentra con el imaginario bíblico y con la cultura tradicional judía, permeada y releída desde las experiencias de vida del autor.

Ira B. Nadel subraya en su libro Una vita di Leonard Cohen que el cantautor canadiense fue educado desde niño en la belleza de la palabra escrita, en la cultura y en la religión judías gracias a la asidua presencia de su abuelo, el rabino Salomon Klinitsky-Klein, llamado Sar ha Dikdook («El príncipe de los gramáticos»), que había publicado una obra sobre las interpretaciones talmúdicas titulada A Treasury of Rabbinic Interpretations y el Lexicon of Hebrew Homonyms, un diccionario de sinónimos. Además, como afirma el mismo Cohen, el abuelo tenía la costumbre de leer pasajes tomados del profeta Isaías: «Lo leía de vuelta como si fuese la primera vez y comenzaba de nuevo la explicación, de modo que, alguna vez, pasaba toda la velada detenido en uno o dos versículos».[3]

El tortuoso camino de la misericordia

La lectura de la Biblia marcará el corazón de Leonard Cohen, como también su estilo de escritura, que estará impregnado de metáforas, personajes, continuas referencias a la religión judía. Su modo de relatar las historias, los sentimientos, las pasiones, se situará dentro de un sentir religioso que hunde sus raíces justamente en su condición de judío: un judío errante que desea seguir siéndolo, porque «el camino es demasiado largo, el cielo demasiado vasto, el corazón errante, finalmente, no tiene morada».[4]

Justamente este deseo de conocimiento —de la existencia, del mundo y de Dios— lo llevará a escribir en 1984 Book of Mercy (Libro de la misericordia), inspirado por la forma y el contenido en el libro de los Salmos de la Biblia. La radicalidad del límite humano es referida a Dios a través de un grito proveniente del corazón para que la misericordia de Dios pueda, como en la tradición de los Salmos, revelarse y derramarse de nuevo sobre el ser humano. Es una misericordia que permite regresar del exilio, que pertenece al simbolismo de la lejanía, de la perdición y del pecado.

Precisamente el tema de la misericordia seguirá estando presente también en la última producción de Leonard Cohen, como podemos observar en algunos versos de la canción Going Home, del álbum Old Ideas (2012): «Quiere escribir una canción de amor / un himno al perdón / un manual para vivir con la derrota / un grito que sobrepasa el sufrimiento / una recuperación del sacrificio, / pero no es eso lo que requiero que haga».[5]

En la canción, el himno al perdón está en estrecha relación con el canto de amor: una unión que, por una parte, se hace eco de la idea de los Salmos —que estaban acompañados por el sonido de la cítara y tenían como núcleo fundamental el canto de amor a Dios, con
la riqueza de su misericordia—, y, por la otra, hace referencia a toda la
producción de canciones de amor que Cohen escribió en su vida.

Amor y misericordia se comprenden en Cohen en una tensión dinámica: el canto de amor pasional, físico, erótico, de belleza y de infinito, en la línea del Cantar de los Cantares, se mira en el espejo del sentimiento de misericordia ante el sufrimiento y el dolor que surgen de las heridas experimentadas durante la vida.

Si, en una posible acepción latina, el término «misericordia» deriva de miseris cor dat, es decir, «dar el corazón a los míseros», y, por tanto, significa acercarse a aquellos que en su propio camino existencial han vivido las heridas de la muerte, del abandono, de la pobreza y de la incomprensión, en la acepción hebrea el mismo vocablo posee matices de significado diferentes. El respectivo término hebreo racham remite «al seno materno, al útero (rechem) y, por eso, en sentido figurado, quiere decir “amor”, “ternura”, “compasión”, “misericordia”».[6] Dicho vocablo está presente en un episodio fundamental del libro del Éxodo, cuando Dios, pasando delante de Moisés, se autoproclama como «Señor, Dios compasivo y misericordioso» (Éx 34,6). Racham indica el lado materno de Dios, ese sentimiento visceral que impulsa a ir al encuentro del hombre sin la resistencia del juicio moral. Este es el sentimiento que parece invadir a Cohen y que conduce a un llanto o a un grito que sobrepasa el sufrimiento —A cry above the suffering— y desemboca en el encuentro, en la relación con quien lleva sobre sí los signos del mal y de los caminos interrumpidos.

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