Europa en un ejercicio de imaginación social

Europa
El rapto de Europa, de Rubens

— Camillo Ripamonti S.I. 

«Tras el pico de llegadas a Europa registrado en 2015/2016, la atención se ha desplazado en la actualidad hacia la integración efectiva de los migrantes en sus nuevas sociedades. Mientras que la política migratoria sigue siendo una responsabilidad nacional, las autoridades centrales y locales reconocen la necesidad de que tal integración se dé en los lugares donde están las personas, en sus lugares de trabajo, en sus vecindarios y en las escuelas adonde envían a sus hijos. Detrás de toda estadística migratoria hay individuos o familias que comienzan una nueva vida en un lugar nuevo. Las autoridades locales, al coordinarse con todos los niveles del Gobierno y con otras instancias locales, desempeñan un papel clave en la integración de los recién llegados y en su empoderamiento para que hagan su contribución a sus nuevas comunidades». Así comienza el informe de la OCDE, publicado el 18 de abril de 2018 y titulado Working Together for Local Integration of Migrants and Refugees [«Trabajar juntos para la integración local de migrantes y refugiados»].1

En el título del informe se utilizan algunas expresiones particularmente significativas: «Working together» [«trabajar juntos»] expresa no solo la necesidad de un enfoque multidisciplinario, sino también la de mantener unidos a los diversos actores locales en la gestión de los migrantes. Este trabajo en común tiene como finalidad la integración, que regresa al centro del interés después de que, durante demasiado tiempo, tal interés no se haya sabido apartar de una perspectiva determinada por la mera emergencia. Resulta interesante, por último, la perspectiva de mantener juntos a migrantes y refugiados.

En Naciones Unidas se han iniciado las negociaciones intergubernamentales que llevarán a la definición del Global Compact for Safe, Orderly and Regular Migration (GCM) y del Global Compact on Refugees (GCR), dos documentos distintos, pero que necesitan ser profundamente integrados en una visión única.2

¿Cómo se sitúa Europa respecto de esta reconsideración global de los desafíos de las migraciones? ¿Qué recursos se han de utilizar para sentar las bases de una «integración efectiva», capaz de ir más allá de las estadísticas y de tener un impacto real en la vida de las personas? En la homilía de Nochebuena de 2017, el papa Francisco utilizó algunas expresiones que trazan una perspectiva: «Esa misma fe nos impulsa a dar espacio a una nueva imaginación social, a no tener miedo a ensayar nuevas formas de relación donde nadie tenga que sentir que en esta tierra no tiene lugar. Navidad es tiempo para transformar la fuerza del miedo en fuerza de la caridad, en fuerza para una nueva imaginación de la caridad. La caridad que no se conforma ni naturaliza la injusticia, sino que se anima, en medio de tensiones y conflictos, a ser “casa del pan”, tierra de hospitalidad».3

Nueva imaginación social y de la caridad: no hay expresiones más adecuadas para describir lo que está sucediendo en el Viejo Continente y que escapa a los reflectores y a las crónicas. Una tentativa de la sociedad civil —todo esto no es prerrogativa de los cristianos, sino de los hombres y mujeres de buena voluntad— de construir comunidades solidarias a través de la imaginación: una fecundidad y una creatividad que sabe atreverse porque nace del diálogo de la vida, que valoriza la diversidad y no la humilla.

Esto es de suma urgencia en este tiempo en el que la diversidad humana, la proveniencia geográfica y, lamentablemente, el color de la piel, amenazan con ser utilizados para dividir. Decía también el papa Francisco el 14 de diciembre de 2017, con ocasión de la presentación de las cartas credenciales de algunos embajadores: «La comunidad internacional enfrenta una serie de amenazas complejas a la sostenibilidad ambiental y a la ecología social y humana de todo el planeta, como las amenazas a la paz y la concordia derivadas de las ideologías fundamentalistas violentas y de los conflictos regionales, que a menudo aparecen bajo el disfraz de intereses y valores opuestos. Sin embargo, es importante recordar que la diversidad de la familia humana no es en sí misma una causa de estos desafíos a la coexistencia pacífica. En realidad, las fuerzas centrífugas que desean dividir a los pueblos no se encuentran en sus diferencias, sino en el fracaso de establecer un recorrido de diálogo y comprensión como el medio más eficaz para responder a dichos desafíos».4

La construcción de comunidades solidarias

La creación o el reforzamiento de una cultura de la acogida que favorezca la integración, entendida en su acepción bidireccional para el que hospeda y para el huésped, no pasa solo a través de leyes que definan sus procedimientos, sino también —y esto constituye, tal vez, el presupuesto— a través de la creación de una norma de vida compartida. Esta no es solo la suma de valores mínimos de convivencia, sino la idea misma de que no se puede prescindir de esa convivencia en la diversidad, un sentimiento de pertenencia no identitario sino solidario, es decir, sentirse parte de una comunidad en la cual la responsabilidad de unos para con otros vaya más allá del sentimiento del deber y se configure como conciencia del bien común. La responsabilidad por la integración no solo depende de un grupo particular, sino más bien de muchos actores: los mismos migrantes, el Gobierno que acoge, las instituciones y las comunidades, por mencionar algunos.

La integración de los migrantes en Europa debe basarse en el diálogo, en los derechos y en las responsabilidades compartidas, garantizando la plena participación, conforme a la ley, en el empoderamiento y en la inclusión de todos en la sociedad. Este valioso proceso, lento y no siempre progresivo —en cuanto a menudo se caracteriza por interrupciones y regresiones—, se constituye desde abajo a través de un camino en el que los mismos actores adquieren disposición al cambio y se arriesgan.