El evangelio hay que tomarlo sin calmantes

Artículo sobre religión. Conversación entre el Papa Francisco y Antonio Spadaro
Fotografía: Presidencia de la República Mexicana

Hemos querido iniciar este blog con uno de los primeros contenidos publicados en el volumen 1 de La Civiltà Cattolica Iberoamericana, un artículo sobre religión que se centra en la conversación que concedió el Papa Francisco al concluir la 88ª Asamblea General de la Unión de los Superiores Generales el pasado 25 de noviembre de 2016. Es un artículo religioso católico de la mano de Antonio Spadaro S.I., jesuita italiano y director de la Civiltà Cattolica. En la conversación se abordaron temas como el de las nuevas fundaciones, la vida consagrada y los jóvenes, así como de la fuerza del Evangelio y la Profecía. Un largo coloquio de preguntas y respuestas de entre las cuáles se centraron en la Iglesia local, en temas económicos y los abusos sexuales.

Fotografía: Presidencia de la República Mexicana

por Antonio Spadaro

«El Papa viene con retraso», me dicen a la entrada del aula Pablo VI el 25 de noviembre de 2016. En el interior, en el lugar donde se desarrollan los sínodos, esperaban 140 superiores generales de órdenes y congregaciones religiosas masculinas (usg) reunidos al final de su 88.ª Asamblea General. Fuera caía una lluvia ligera. «Vayan y den fruto. La fecundidad de la profecía»: tal fue el tema de la asamblea, que se desarrolló del 23 al 25 de noviembre en el «Salesianum» de Roma.

No es común que el Papa llegue con retraso. A las 10:15 llegaron los fotógrafos y luego él, con paso enérgico. Tras el aplauso de saludo, Francisco comienza diciendo: «Disculpen el retraso. La vida es así: llena de sorpresas. Para comprender las sorpresas de Dios hay que comprender las sorpresas de la vida. Muchas gracias». Y prosiguió diciendo que no quería que su retraso influyera en el tiempo fijado para el encuentro. Aun así, este duró tres horas enteras y concluyó alrededor de las 13:15.

Al promediar el encuentro se hizo una pausa de unos 30 minutos. Se había preparado una pequeña sala reservada para el Papa, pero él exclamó: «¿Por qué quieren hacer que me quede solo del todo?». Y así, la pausa vio al Papa alegremente entre los superiores generales tomando un café y un tentempié, saludando a uno y a otro.

No había ningún discurso preparado con antelación ni por parte de los religiosos ni por parte del Papa. Las cámaras de televisión del ctv registraron solamente los saludos iniciales y después se marcharon. El encuentro debía ser libre y fraterno, hecho de preguntas y de respuestas no filtradas. Francisco no quiso leerlas con antelación. Después de haber recibido un brevísimo saludo de parte del padre Mario Johri, ministro general de los frailes capuchinos y presidente de la usg, y del padre David Glenday, comboniano, secretario general, el Papa escuchó las preguntas de la asamblea.

¿Y si hubiera críticas? «Está bien ser criticado —afirma Francisco—; a mí eso me gusta, siempre. La vida también está hecha de incomprensiones y de tensiones. Y cuando son críticas que hacen crecer, las acepto, respondo. Pero las preguntas más difíciles no las hacen los religiosos, sino los jóvenes. Los jóvenes te ponen en dificultades, ellos sí. Los almuerzos con los jóvenes en las Jornadas Mundiales de la Juventud o en otras ocasiones, esas situaciones me ponen en dificultades. Los jóvenes son descarados y sinceros y te preguntan las cosas más difíciles. Ahora hagan sus preguntas.»  

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Santo padre, reconocemos su capacidad de hablar a los jóvenes y de encenderlos para la causa del Evangelio. Sabemos también de su empeño por acercar a los jóvenes a la Iglesia. Para eso ha convocado el próximo sínodo de los obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. ¿Qué motivaciones lo impulsaron a convocar el sínodo sobre los jóvenes? ¿Qué sugerencias nos ofrece para llegar hoy a ellos?

Al final del pasado sínodo cada uno de los participantes hizo tres sugerencias sobre el tema a encarar en el próximo. Después se consultó a las conferencias episcopales. Las convergencias fueron hacia temas fuertes como juventud, formación sacerdotal, diálogo interreligioso y paz. En el primer Consejo Postsinodal se produjo una buena discusión. Yo estaba presente. Voy siempre, pero no hablo. Para mí es verdaderamente importante escuchar. Es importante que yo escuche, pero dejo que sean ellos los que trabajen libremente. De ese modo comprendo cómo surgen los problemas, cuáles son las propuestas y los nudos, y cómo se enfrentan.

Eligieron a los jóvenes. Pero algunos subrayaban la importancia de la formación sacerdotal. Personalmente me importa mucho el tema del discernimiento. Lo he recomendado varias veces a los jesuitas: en Polonia y, después, en la Congregación General.[1] El discernimiento une la cuestión de la formación de los jóvenes para la vida: de todos los jóvenes y, en particular, con mayor razón, también de los seminaristas y de los futuros pastores. Porque la formación y el acompañamiento al sacerdocio requieren discernimiento.

En este momento es uno de los problemas más grandes que tenemos en la formación sacerdotal. En la formación estamos habituados a las fórmulas, a los blancos y negros, pero no a los grises de la vida. Y eso es lo que cuenta en la vida, no las fórmulas. Tenemos que crecer en el discernimiento. La lógica del blanco y negro puede llevar a la abstracción casuística. En cambio, el discernimiento es avanzar en el gris de la vida según la voluntad de Dios. Y la voluntad de Dios se busca según la verdadera doctrina del Evangelio, y no en el fijismo de una doctrina abstracta. Razonando sobre la formación de los jóvenes y sobre la formación de los seminaristas decidí el tema final tal como ha sido comunicado: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

La Iglesia debe acompañar a los jóvenes en su camino hacia la madurez, y solo con el discernimiento y no con las abstracciones los jóvenes pueden descubrir su proyecto de vida y vivir una vida verdaderamente abierta a Dios y al mundo. Por tanto, elegí este tema para introducir el discernimiento con más fuerza en la vida de la Iglesia. El otro día tuvimos la segunda reunión del Consejo Postsinodal. Se discutió bastante bien sobre este tema. Prepararon el primer esbozo sobre los Lineamenta, que deberá enviarse de inmediato a las conferencias episcopales. Trabajaron también los religiosos. Salió un esbozo bien preparado.