Falta de fe y nulidad del matrimonio

Georges-Henry Ruyssen S.I.

La cuestión de los bautizados no creyentes

Los límites de la cuestión

El tema que tratamos no es nuevo, pero resulta cada vez más recurrente:[1] se trata del matrimonio de personas bautizadas que, aun declarándose no creyentes, han celebrado el matrimonio con rito religioso.

Ya desde hace varios años asistimos a una «descristianización de hecho»[2] de no pocos fieles. En su discurso a la Rota Romana del 21 de enero de 2017, el papa Francisco subrayó que «este contexto, carente de valores religiosos y de fe, no puede por menos que condicionar también el consentimiento matrimonial».[3]

Ya Benedicto XVI había mostrado interés por este problema. En su discurso al clero del Valle de Aosta del 25 de julio de 2005 afirmó de forma muy explícita: «Cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, invité a diversas conferencias episcopales y a varios especialistas a estudiar este problema: un sacramento celebrado sin fe. No me atrevo a decir si realmente se puede encontrar aquí un elemento de invalidez porque al sacramento le faltaba una dimensión fundamental. Yo personalmente lo pensaba, pero los debates que tuvimos me hicieron comprender que el problema es muy difícil y que se debe profundizar aún más. Dada la situación de sufrimiento de esas personas, hace falta profundizarlo».[4]

Más recientemente, la temática de la fe vinculada al sacramento del matrimonio ha sido retomada por el Instrumentum laboris (junio de 2014) de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los obispos, sobre la familia (5-19 de octubre de 2017), en el cual se afirma: «Al respecto se indica la necesidad de profundizar la cuestión de la relación entre fe y sacramento del matrimonio, como sugirió reiteradamente Benedicto XVI».[5] También la Relatio Synodi (18 de octubre de 2014) de la misma asamblea reconoce la necesidad de «dar relevancia al rol de la fe de los prometidos en orden a la validez del sacramento del matrimonio».[6]

Partiendo de la pregunta de si la fe, en cuanto virtud teologal, es requisito para la celebración del matrimonio sacramental, el Sínodo sobre la familia toca el nudo de la cuestión, que puede expresarse como sigue: ¿Cuál es el valor jurídico de un matrimonio celebrado en la Iglesia según la forma canónica entre dos bautizados que se profesan no creyentes? Por tanto, cuando se habla de falta de fe, se trata de un fenómeno muy complejo que incluye las situaciones subjetivas más dispares. En efecto, hay diversas categorías de bautizados no creyentes: el bautizado ignorante; el bautizado no practicante; el bautizado que ha perdido la fe, aunque conserva todavía alguna forma de religiosidad; el bautizado sin religiosidad alguna; el bautizado que, aun conociendo la posición de la Iglesia sobre la sacramentalidad del matrimonio, no solo no la acepta, sino que la impugna; y, por último, el bautizado que rechaza radicalmente cualquier sacralidad e institucionalización religiosa del matrimonio.[7]

«Ratio» de la cuestión

Después de haber determinado el ámbito de la cuestión, que no es solo de naturaleza pastoral y teológica, sino también jurídica, consideremos ahora la ratio del problema, resumida en los dos parágrafos del can. 1055 del Código de Derecho Canónico (CIC). El primer parágrafo afirma que «La alianza matrimonial […] fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados». El segundo subraya que «entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo [eo ipso] sacramento».