«Yo soy una misión»: hacia el sínodo de los jóvenes

Diego Fares S.I.

El próximo sínodo de los jóvenes tiene como tema central el discernimiento vocacional. Al escuchar esta palabra —«vocación»—, lo primero que suele venir a la mente es la vocación a la «vida consagrada». Pero la llamada de Dios es más amplia. No se limita a las formas «perfectas». Es también la humilde y continua «vocación universal a la alegría del amor»,[1] que el Padre hace a todos cada vez que sale a invitarnos a trabajar en su viña.[2] El Señor nos convoca con idéntica esperanza en cada etapa y momento de nuestra vida y su llamada resuena con particular intensidad en los corazones jóvenes. Y para poder escucharla y elegir la forma de servicio que concreta el amor hace falta crecer en la práctica del discernimiento espiritual.[3]

La Iglesia entra, ella misma, en la dinámica del discernimiento, propia tanto del discípulo como del que es maestro, para convocar a todos los jóvenes, sin excepción, a esta hermosa tarea: escuchar la llamada, elegir y seguir la vocación. Lo expresa así: «La Iglesia ha decidido interrogarse sobre cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud, y también pedir a los mismos jóvenes que la ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia».[4]

Los medios específicos que pone para hacer efectiva la decisión de escuchar y pedirles ayuda a los jóvenes son, entre otros, el cuestionario online, que desea recoger aportes de muchos de ellos para incorporarlos al documento de trabajo, y la «Reunión pre-sinodal» que tendrá lugar entre el 19 y el 24 de marzo de 2018. Están invitados a participar en esa reunión jóvenes de todo tipo de instituciones. Destacamos la colaboración de representantes «del mundo juvenil que se encuentra en las periferias existenciales extremas, así como expertos, educadores y formadores comprometidos en la ayuda a los jóvenes en el discernimiento de sus opciones de vida».[5]

¿Qué nos dicen los jóvenes?

Un primer paso necesario para poder ayudar a esta generación a crecer en el discernimiento es identificar sus inquietudes escuchando lo que dicen.

Algunas respuestas que los jóvenes van dando al cuestionario propuesto por el Papa[6] tienen un común denominador: sienten que el
mundo adulto «no los escucha». No juzgan —en general— que sea por mala voluntad, más bien piensan que no comprendemos a fondo el nuevo mundo que hemos creado, el cual, de manera paradójica, son ellos los que lo protagonizan más decididamente. Dice un joven: «Ha habido un cambio cultural tan grande, debido a las nuevas tecnologías y demás cambios, que se hace muy difícil darle “validez” a lo que una persona que vivió un mundo tan distinto al actual nos pueda aconsejar».[7] Otro: «En mi opinión, la gente todavía no tiene en cuenta el cambio cultural, no se ha dado cuenta de que el desarrollo del mundo digital ha dejado muchas cosas de lado, como buscar acercarse más a Dios».[8]

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