Migrantes africanos: ¿dónde rehacer la propia «casa»?

Inmigración africana 2
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ste artículo nos muestra el escenario actual de la inmigración africana y cómo las políticas antimigratorias de la extrema derecha, sitúan a la población ante la tesitura de migrar hacia los países europeos o quedarse en su “continente de esperanza”.

La dificultad por conseguir los permisos de residencia por procedimientos legales, y la tendencia a limitar la inmigración debido al miedo creciente causado por el terrorismo, chocan con la globalización imparable a otros niveles.

Sin embargo, el concepto de casa para la inmigración africana es algo más que un espacio físico donde vivir. Está asociado con la tierra ancestral, donde se nace y donde nacieron los antepasados. Es detener las migraciones y trabajar para que la “casa africana”, sea próspera en un futuro no muy lejano.

Por Wilfred Sumani S.I.

África es el «continente de la esperanza». Una esperanza que vemos en los ojos de los hombres y mujeres, en su gran mayoría jóvenes, que llegan a Europa. Una esperanza que, si encuentra la posibilidad de ser aceptada, aprovechada y acompañada adecuadamente junto a la comunidad que los acoge, puede ser una gran aportación para la Europa que envejece. No obstante, las noticias de los migrantes africanos que pierden la vida por el camino hacia Europa están ya a la orden del día. La isla de Lampedusa evoca imágenes horribles de miles de cuerpos sin vida arrojados a la orilla por las inexorables olas del mar. Uno esperaría que todas esas víctimas tuviesen un efecto disuasorio en quienes aspiran a estas migraciones, pero miles y miles de africanos siguen emprendiendo el peligroso viaje por mar hacia Europa. Por otra parte, dentro de la misma África, aunque se sigue dando acogida al ochenta por ciento de sus migrantes, a los que provienen de otras zonas del continente no siempre se les brinda aquella hospitalidad que representa uno de los rasgos distintivos de la ética ubuntu (que significa «humanidad», «benevolencia recíproca»). Lo demuestra, por ejemplo, la reciente oleada de ataques xenófobos que estallaron en Sudáfrica.

¿Buscan los migrantes una nueva casa?

La historia de la humanidad está llena de migraciones de pueblos. De hecho, los desplazamientos han caracterizado a las sociedades humanas desde antes del advenimiento de la civilización. Las personas se trasladaban de una zona a otra en busca de alimento, de agua, de seguridad. También después de la introducción de la agricultura las comunidades siguieron moviéndose en busca de terrenos fértiles y de paz. En otras palabras: las migraciones han sido activadas siempre; por un lado, por la carencia de una necesidad primaria y, por el otro, por la perspectiva de una vida mejor en otro lugar. Pero debemos preguntarnos si la migración parte de casa o bien busca una casa. Para responder a esta pregunta es importante, ante todo, analizar el concepto de «casa», que fácilmente se presta a usos banalizantes y superficiales.

¿Qué es la «casa»?

Hay una estrecha conexión entre el espacio físico y el concepto de «casa». La casa es el espacio que alberga los recuerdos. Se dice que la vivienda —y, en particular, la vivienda en que se nace— es la que ofrece la experiencia primordial de una casa. La vida humana comienza con el bienestar ofrecido por el calor humano dado y recibido en una casa. Estar al calor de una casa es «bien-estar». «La vida empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa».[1] Cuando se es arrojado fuera de la vivienda en la que se ha nacido, al vasto mundo cruel, se siente nostalgia y se sueña con aquella tibieza de la que en otro tiempo se gozaba en la vivienda natal. Una característica esencial de la «casa» es un sentimiento de protección. La casa es la cuna que nos protege de toda forma de peligro. La pérdida del calor y de la protección de la «casa primordial» puede provocar trastornos de la personalidad.

La estrecha asociación entre «casa-hogar doméstico» y «casa-vivienda» se pone de manifiesto en el hecho de que, en muchas lenguas africanas —en particular, en las lenguas bantúes del África subsahariana—, los términos utilizados para «casa» y «vivienda» sean muy similares, casi idénticos. En swahili, por ejemplo, «vivienda» es nyumba, mientras que «casa» es nyumbani. En chichewa (lengua que se habla en Malaui, Zambia y Mozambique), «vivienda» se dice nyumba y «casa», kunyumba. Se comprende, pues, que la vida en la calle sea un hecho desconocido en las sociedades tradicionales africanas. En la sociedad tradicional, el fenómeno de los niños de la calle, que actualmente aflige a muchas ciudades africanas, no tendría sentido. En efecto, estar en casa significa, necesariamente, tener una vivienda.