Justicia reparativa en Brasil

Bandera de Brasil
Bandera de Brasil

— Francesco Occhetta S.I. —

El método educativo de las cárceles APAC

En el oscuro universo de las instituciones penitenciarias, hay en Brasil una experiencia carcelaria que es como un rayo de luz, donde los detenidos no son números, sino que se los llama por su nombre, tienen funciones que desempeñar, visten sin uniforme y están encerrados en estructuras sin barrotes ni guardias. En estas «cárceles alternativas», gestionadas por los detenidos —llamados «recuperandos»—, no se han verificado revueltas ni casos de corrupción, y la reincidencia se ha reducido del 85 % al 15 %.1 No parece verdad, y, sin embargo, lo demuestran los datos de las experiencias y los costes de gestión, que han disminuido en un tercio respecto a los del Estado.2

Hay que establecer una premisa: el método educativo de las cárceles APAC («Asociación de Protección y Asistencia a los Condenados») no prevé descuento alguno de pena, se atiene al sistema legal brasileño y es parte del sistema penitenciario, pero ofrece la posibilidad de una reeducación humana basada en un principio antropológico positivo, que no compensa los errores cometidos según la lógica de la venganza.

Actualmente hay en Brasil cincuenta institutos penitenciarios gestionados por las APAC, con cerca de 3 500 detenidos.3 En otros 23 países del mundo —como Holanda, Noruega, Hungría, Estados Unidos, Colombia, Costa Rica, República Checa, Alemania y Singapur— se aplica este método limitándolo a algunos pabellones. En particular, en Chile hay 23 APAC, con 2 500 detenidos.

¿Qué puede enseñar este método al derecho penal y a la doctrina internacional de la ejecución de la pena?

El nacimiento de las APAC en el contexto brasileño

La primera APAC nace en el estado de Minas Gerais, en la región montañosa del Sudeste, gracias a la intuición de un abogado, Mário Ottoboni. Se constituye en San Pablo, en 1972, por obra de un grupo de voluntarios implicados en las actividades de la pastoral carcelaria, como asociación de asistencia legal a los detenidos. Posteriormente, en 1974, se convierte en una organización civil de derecho privado y en un órgano auxiliar de justicia. En los años ochenta, gracias al juez Silvio Marques Neto, el Estado confía por primera vez a los responsables de APAC un pabellón de detenidos en la cárcel de Humaitá, en São José dos Campos, estado de San Pablo. Más tarde ocurre otro tanto en la cárcel de Itaúna, en el estado de Minas Gerais.4

La elección por parte de la magistratura brasileña de apostar por las APAC fue una suerte de certificación del método. A partir de ese momento el modelo de asociación entre el Estado y la sociedad civil organizada se ha consolidado, y actualmente representa una «tercera vía de recuperación» entre la estructura carcelaria y el detenido individual.

Para acceder a las penitenciarías gestionadas por las APAC, el detenido debe presentar una petición escrita y haber pasado un período de detención en la cárcel tradicional con una pena con sentencia firme. Las APAC acogen a los detenidos que han pasado más años de cárcel y que tienen sus familias en el mismo distrito judicial de la penitenciaría. Mário Ottoboni expresa así su convicción: «El ser humano es recuperable. Para hacer que eso suceda el detenido debe ser tratado de manera humana. Humana, pero con firmeza».

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