Kakichi Kadowaki

Kakichi Kadowaki
Farola en Japón

— Tomás García-Huidobro S.I. —

La inculturación del cristianismo en la cultura japonesa

La inculturación del cristianismo en Japón no ha sido un proceso fácil. Su historia está llena de encuentros y contrastes, de conflictos y compromisos. Entre las razones de esta difícil historia está la complejidad y unicidad de la cultura japonesa. Si el sintoísmo es la religión tradicional de Japón y la que reúne más adherentes, el budismo se ha instalado y desarrollado en diversas escuelas que han impregnado las artes, la arquitectura, la literatura y la cultura en general. Una de estas ramas ha sido el budismo zen, subdividido, a su vez, en tres escuelas. Rinzai, Sōtō y Obaku.

Este es el contexto que encontraron los primeros misioneros cristianos que llegaron a Japón. Y su llegada provocó una doble reacción. Por un lado, suscitó admiración, debida en primer lugar a los progresos de la técnica europea, sobre todo en el arte de la guerra. Por el otro, los japoneses mostraron desprecio hacia una cultura que consideraban «bárbara», no suficientemente refinada. Estas dos reacciones explican la actitud que los japoneses han mantenido frente a Occidente hasta bien entrado el siglo XX.

El padre jesuita Kakichi Kadowaki (1926-2017) ha expresado la mejor tradición de la Compañía de Jesús en el esfuerzo de inculturar el evangelio en la complejidad de la cultura japonesa. Era un hombre de sensibilidad exquisita, de gran inteligencia y consciente de las profundas contradicciones que hay entre Japón y la cultura occidental. Nació en Japón en 1923. Si bien su familia era pobre, los padres hicieron todo lo que pudieron para dar una buena educación a su hijo. Y esto impulsó al P. Kadowaki a estimar de manera particular la excelencia en el campo de la educación.

Encontró el zen cuando frecuentaba la escuela secundaria en el instituto público Shizuoka, célebre por sus métodos formativos. Muchos de sus docentes practicaban el zen y algunos de ellos tuvieron una profunda influencia en él, orientando su vida: de entre ellos, el P. Kadowaki recordaba sobre todo a los docentes Ozaki y Mishi.

Los docentes solían llevar a sus estudiantes a los templos zen, donde pasaban varios días dedicados a sesiones educativas. Estas experiencias impresionaron profundamente al joven Kadowaki y fueron después decisivas para la formación de su personalidad. No obstante, las cosas comenzaron a cambiar sobre todo gracias a su hermano mayor, a quien él consideraba fascinante, inteligente, dotado de un gran espíritu de iniciativa y de perspicacia.

Esto explica cómo la conversión al catolicismo del hermano mayor tuvo un fuerte impacto en el joven Kakichi, que comenzó a plantear preguntas sobre el cristianismo, pero sin pensar en renunciar al zen. No obstante, un acontecimiento dramático lo llevó a un punto de inflexión decisivo: la muerte de su hermano durante la Segunda Guerra Mundial. El deceso se produjo como consecuencia de una infección contraída en su base militar, en una de las islas del Pacífico. La crisis del joven Kakichi fue provocada por el modo en que su hermano había muerto, es decir, en la confianza total en el Dios cristiano.

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