El Kurdistán iraquí hacia la independencia

Giovanni Sale S.I.

Tras el referéndum del 25 de septiembre

El referéndum del 25 de septiembre acerca de la independencia del Kurdistán y de las regiones limítrofes recientemente ocupadas por los peshmerga —las fuerzas del Gobierno autónomo kurdo— ha dado, como estaba previsto, una victoria aplastante al «sí» (92 %). La pregunta propuesta a los votantes estaba formulada de forma clara y precisa a fin de no crear malentendidos: «¿Quieres que la región kurda y las áreas del Kurdistán fuera de la administración regional se conviertan en un Estado independiente?». La tasa de participación de los más de 5,2 millones de electores registrados superó el 72 %, lo que significa que gran parte de los partidos políticos kurdos —divididos en todo, menos en este punto— se han adherido a la propuesta del presidente Masud Barzani de iniciar un camino político —incluyendo elecciones parlamentarias— que conduzca a la declaración formal de la independencia del país.

La propuesta de referéndum, ya presente desde hace tiempo en la agenda política del Gobierno regional kurdo, había tenido mucha oposición por parte de todas las potencias de la región que, junto a los kurdos, combaten al Estado Islámico (EI), a saber, Turquía, Irán y el Gobierno central de Bagdad y sus aliados occidentales. Estos últimos —en particular Estados Unidos— temen, con razón, que ese hecho pueda perjudicar la lucha común contra el EI, todavía no derrotado del todo, y crear nuevos y graves desórdenes en Oriente Próximo.

Inmediatamente después del referéndum, el Gobierno de Bagdad declaró que no reconocía su validez formal y amenazó con una posible intervención militar contra aquellas fuerzas «que quieren desmembrar la unidad del país».[1] Tal como habían amenazado, las potencias regionales reaccionaron de inmediato a la consulta en referéndum. Turquía, que teme que la fiebre independentista pueda contagiar también a los kurdos de su propio territorio, desplegó soldados y medios blindados hacia la frontera con el Kurdistán y amenazó con «cerrar el grifo» del oleoducto que hace llegar el petróleo kurdo a Turquía y Europa, lo que llevaría al colapso de la débil economía kurda, ya depauperada por años de guerra. Irán, en cambio, interrumpió las comunicaciones aéreas y amenazó con bloquear los intercambios económicos entre los dos países.

Barzani declaró que ni Bagdad ni las potencias regionales pueden oponerse al voto popular libremente expresado y afirmó también que quería acoger en el nuevo Estado a todas las minorías que viven en los territorios recientemente ocupados por el ejército kurdo —cerca de 7 millones de iraquíes—. Después de la invasión del EI, los cristianos que huyeron de Mosul y de los pueblos de la llanura de Nínive hallaron acogida y protección en el Kurdistán. Algunos de ellos se han posicionado a favor de la independencia y afirman considerar el Kurdistán como su nueva patria.[2]

Los kurdos consideran la independencia del Kurdistán como un «resarcimiento» histórico y, al mismo tiempo, como un acto debido por el compromiso que han demostrado en la lucha contra el EI. De hecho, cuando en el verano de 2014 los combatientes del EI habían derrotado al ejército iraquí, fueron los peshmerga los que detuvieron su expansión hacia el norte del país. A partir de entonces, ellos forman parte de la coalición de los países que combaten al EI.

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