La maternidad subrogada

La Maternidad subrogada
La Maternidad subrogada

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resentamos el artículo sobre la maternidad subrogada, publicado por Francesco Occhetta en la revista La Civiltà Cattolica iberoamericana. La gestación subrogada tiene abierto un debate político-religioso donde las categorías del humanismo han pasado a ser las del poshumanismo y donde la Iglesia sitúa en el centro del debate el significado de la vida humana y la dignidad.

No se puede entender el embarazo subrogado como un intercambio comercial, no obstante, la maternidad “voluntaria” sí está permitida en muchos países . El principio jurídico de “mater semper certa est” tutela la dignidad de la mujer, prohibiendo la contratación de un vientre subrogado para engendrar una vida.

Se está considerando la maternidad subrogada, además, como una práctica lesiva de los derechos humanos y de la libertad de la mujer, seccionando así la experiencia de ser madre.  Separando del embarazo la parte emocional, relacional y simbólica, este proceso se convierte simplemente en algo mecánico-natural.

La valoración ética que surge de ello se sitúa en el ámbito más radical de lo humano: en el del sentido de la vida. La libertad es siempre “para alguien” y nunca “de algo”.

Francesco Occhetta ha colaborado con la revista La Civiltà Cattolica Iberoamericana con otros artículos como la gestión política de la inmigración y el trabajo 4.0.

Francesco Occhetta S.I.

La maternidad subrogada es una práctica de procreación en la que la mujer se compromete a llevar adelante un embarazo para después entregar el neonato que dará a luz a una pareja comitente. Este es uno de los temas más delicados y candentes del debate público en razón de las diversas maneras en que se lo define: se la llama «gestación por sustitución», «gestación de apoyo» o bien «vientre de alquiler».

Las preguntas antropológicas y éticas que esta práctica plantea tocan la raíz del significado de la vida, del cuerpo, de la relación madre-hijo, de la dignidad, de la memoria, pero también de la donación y la reciprocidad. Parece que en el debate político las categorías del humanismo han cedido su lugar a las del poshumanismo, donde la reflexión pública se limita a incorporar (de forma pasiva) los horizontes de la técnica. El magisterio de la Iglesia nos invita, por el contrario, a integrar los nuevos descubrimientos biológicos y las nuevas técnicas a fin de colocarlos en un horizonte antropológico que sitúe en el centro el significado de la vida humana y de la dignidad. A partir de aquí pondremos de relieve algunos criterios de discernimiento para comprender la práctica de la maternidad subrogada.

Maternidad subrogada: definición y comparación

Existen diversos tipos de maternidad subrogada: la subrogada en sentido estricto, en la que el embrión se obtiene a partir de gametos masculinos de un miembro de la pareja y de gametos femeninos de la gestante; en este caso, la mujer que presta el útero es la misma que da los óvulos. Está después la maternidad subrogada total, en la que los espermatozoides son de un donante tercero, mientras que la madre que da a luz al niño pone a disposición el útero, pero no los óvulos; en este caso, por ejemplo, el embarazo se lleva adelante gracias a un óvulo ya fecundado formado por la unión de células reproductivas de la pareja comitente.

En los países en los que la maternidad subrogada está permitida, la madre biológica, que da los óvulos, no es la que dará o alquilará el útero para llevar adelante la gestación. Es esta separación técnica la que permite a las posiciones culturales favorables a la procreación subrogada justificar una figura jurídica que, en lugar de constituir una madre genética, es una suerte de incubadora. Para la técnica médica, distinguir las funciones y las tareas de procreación torna de alguna manera «neutra» la gestación, que podría no tener nexo biológico alguno con la pareja.

En 2013 la Unión Europea (UE) publicó un estudio que confronta la legislación de los estados miembros sobre el tema de la maternidad subrogada.[1] De dicho estudio surge un cuadro complejo: Italia, Francia, Alemania, España e Italia la prohíben; en Austria y Noruega se la tolera si el oocito pertenece a la mujer que pone a disposición su propio útero; en Grecia la subrogación es consentida solo a través de reembolsos y no con compensaciones; Bélgica, Países Bajos y Dinamarca la limitan a la adopción, que establece una posterior filiación; Suecia está pasando de una posición garantista a una prohibicionista a causa del debate social introducido por la práctica, mientras que en Inglaterra el subsecretario de salud, Nicola Blackwood, ha anunciado la formación de una comisión para extender el permiso también a personas solas y a parejas homosexuales.[2]

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