La multitarea: ¿oportunidad o dispersión?

Giovanni Cucci S.I.

Un aspecto relevante del mundo cultural actual, en su globalidad, es la abundancia de oportunidades, favorecida por la velocidad de los instrumentos que se tiene a disposición. Es lo que ha recibido el nombre de «multitarea», en inglés multitasking, un término que expresa también simbólicamente una mentalidad y un ideal: la posibilidad de llevar adelante un número cada vez mayor de tareas, compromisos y relaciones al mismo tiempo. Son posibilidades maravillosas e impensadas hasta hace pocas décadas.

Las múltiples oportunidades de la multitarea

Los ejemplos al respecto abundan hasta el punto de resultar difícil precisarlos en todos los posibles aspectos: forman parte de la vida cotidiana. Mientras permanecemos cómodamente en la habitación podemos realizar múltiples operaciones en el mismo lapso de tiempo: compras de todo tipo, programas de trabajo, investigaciones, lecturas, actualizaciones de noticias, contactos con amigos, envío de anuncios y mensajes, asistencia a lecciones y conferencias, todas cosas impensables antes del advenimiento de internet.

Pensemos en lo cómodas y económicas que resultan plataformas como WhatsApp, Facetime, Viber y otros sistemas de mensajería que permiten permanecer en contacto con familiares y amigos y mantener relaciones de una manera antes inaccesible, y ello sin considerar la posibilidad de ofrecer y recibir valiosa ayuda de personas desconocidas.[1] Otro aspecto relevante está dado por la extraordinaria abundancia de informaciones a las que se puede acceder para llevar a cabo una investigación de cualquier tipo. Los datos puestos a disposición por los motores de búsqueda no podrían ser físicamente visionados con los instrumentos tradicionales.

Con el teléfono inteligente puede escucharse música, tomar fotografías, filmar, enviar y recibir mensajes a cualquier parte del mundo. Operaciones complejas pueden realizarse en un tiempo muy breve: transacciones financieras, informaciones sobre el tránsito vehicular, previsiones del tiempo, ubicación de un restaurante, de una librería, de un cine[2] y, no en último término, visitar una ciudad del pasado reconstruida a la perfección en sus detalles, realizando un viaje virtual en el tiempo.

Los ejemplos podrían multiplicarse a discreción, pero eso entrañaría el peligro de gastar pólvora en salvas. El ser humano tiende, por su propia naturaleza, a actuar en varios frentes al mismo tiempo: la revolución digital ha amplificado estos aspectos permitiendo acceder a realidades múltiples, fruto de un «aumento mental» —para retomar el título de un ensayo de Marc Prensky.[3]

Sin embargo, las investigaciones dicen que todo ello no es más que un aspecto de este «cambio de paradigma». El «aumento mental» presenta también un aumento de costes, y el balance final vuelve a equilibrarse de manera análoga a lo sucedido con cada descubrimiento de la técnica.[4] También la velocidad, la practicidad y la posibilidad de realizar con facilidad múltiples operaciones presentan «pérdidas» de otro tipo, de las cuales es bueno ser conscientes.

Velocidad y aprendizaje: un binomio incompatible

Como toda oportunidad que esté a disposición, la multitarea permite expresar mejor sus posibilidades si encuentra su modalidad óptima de empleo. En el momento en que tiende a convertirse en un criterio de enfoque exclusivo, revela ser psicológicamente frustrante, intelectualmente dispendiosa y prácticamente improductiva. Las capacidades intelectivas y la profundidad de aquello a lo que uno se dedica pierden en calidad cuanto más numerosos son los frentes en los que uno se compromete. De ese modo, se corre el peligro de hacer mal muchas cosas al mismo tiempo, exactamente como en el hiperactivismo de la vida offline.

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