La reforma de la curia romana: los «colaboradores» apostólicos

Gerald O'Collins S.I.

¿Disponemos de datos de los colaboradores de Pedro que puedan respaldar una analogía entre ellos y la curia romana? ¿Dan las cartas de Pablo testimonio de una variedad de «colaboradores» que puedan ofrecer una visión que ilumine la realidad de la curia y de su reforma? ¿Dónde podemos encontrar algún precedente o, por lo menos, alguna antigua analogía que pueda ofrecer una intuición para iluminar a nivel teológico una reforma de la curia romana que vaya más allá de meros cambios legales y de una reestructuración burocrática?[1]

Los líderes apostólicos y sus colaboradores

Las cartas de Pablo, los Hechos de los Apóstoles y otras fuentes del Nuevo Testamento se refieren al ejercicio de la conducción apostólica por parte de Pedro, Pablo y otros en la Iglesia primitiva.

Pedro mismo dejó Jerusalén para predicar, por ejemplo, en Lida y en Jafa (cf. Hch 9,32-43), pero sabemos muy poco de su actividad misionera fuera de Palestina.[2] Su visita a Antioquía provocó una famosa divergencia con Pablo (cf. Gal 2,11-21). Según afirma la tradición, Pedro llegó a ser más tarde el conductor («obispo») de la Iglesia de Antioquía. Puede que haya visitado Corinto (cf. 1 Cor 1,12). Hay una probable referencia a su actividad en Roma (cf. Rom 15,20), donde fue martirizado, presumiblemente, en el año 64 d.C.

Hasta mucho después del martirio de Pedro no tuvimos una prueba clara y convincente de la existencia de un obispo monárquico de Roma.[3] Es posible que el jefe de los apóstoles escribiera la Primera carta de Pedro, enviada desde Roma (cf. 1 Pe 5,13) a las comunidades cristianas en cinco provincias romanas (cf. 1 Pe 1,1). La antigua tradición que considera a Pedro asociado a Marcos en la redacción del segundo Evangelio ha sido defendida recientemente de forma vigorosa por Richard Bauckham.[4]

Los Hechos de los Apóstoles, hasta el concilio de Jerusalén en Hch 15, ofrecen muchos detalles sobre el hecho de que Pedro actuaba de forma colegial con Juan, Pablo y otros apóstoles. Pero, aparte de una referencia a Silvano, a Marcos (cf. 1 Pe 5,12-13) y a «seis hermanos» que acompañaban a Pedro en su visita a Cornelio (cf. Hch 10,23.45; 11,12), son escasos los testimonios directos que ofrece el Nuevo Testamento de los estrechos colaboradores de Pedro que no pertenecían al colegio de los apóstoles.

En el caso de Pablo, el otro eminente líder apostólico que, al igual que Pedro, fue martirizado en Roma y que sigue siendo celebrado como el cofundador de la Iglesia de Roma, tenemos, en cambio, algunas indicaciones de sus estrechos colaboradores, aunque no lo fueron tanto en la conducción de algunas comunidades permanentes sino, más bien, en su ministerio itinerante como apóstoles misioneros. ¿Podría esta colaboración ofrecer alguna idea e inspiración para un tipo de reforma teológica de la curia romana?

Timoteo como colaborador de Pablo

A fin de simplificar las cosas, pero también de examinar de forma exhaustiva una cantidad restringida de datos, hemos decidido limitarnos a siete cartas que, tal como en general se admite, fueron compuestas directamente por Pablo y constituyen, así, el cuerpo de literatura cristiana más antiguo: la Carta a los Romanos, las dos cartas a los Corintios, la Carta a los Gálatas, la Carta a los Filipenses, la Primera carta a los Tesalonicenses y la Carta a Filemón. Podemos comenzar examinando a tres colaboradores del apóstol: Timoteo, Tito y Epafrodito.[5]

Después de haber recomendado a Febe (cf. Rom 16,1-2) y de haber enviado sus propios saludos a muchas personas de la comunidad cristiana de Roma (cf. Rom 16,3-15), Pablo agrega un saludo general de parte de «todas las Iglesias de Cristo» (Rom 16,16), una admonición contra los que causan divisiones (cf. Rom 16,17-20a) y una bendición final (cf. Rom 16,20b). Envía después los saludos de parte de ocho compañeros, comenzando por Timoteo: «Os saluda Timoteo, mi colaborador…» (Rom 16,21-23).[6] Presumiblemente, Timoteo está con el apóstol cuando este dicta su carta. Pero ¿puede también suponerse que haya sido conocido por alguno o por muchos de los cristianos de Roma?

El hecho de que se mencione —a veces sin una explicación— a Timoteo en otras cartas sugiere que era conocido en varias comunidades cristianas. En el primer escrito de Pablo se lo menciona como aquel que envía la carta junto con el apóstol: «Pablo, Silvano[7] y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz» (1 Tes 1,1). Más adelante, en la misma carta, el apóstol recuerda que en un momento de persecución él había enviado a Timoteo a los cristianos de Tesalónica: «Enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el Evangelio de Cristo, para afianzaros y alentaros en vuestra fe, de modo que ninguno titubease en las dificultades presentes» (1 Tes 3,2-3). Pablo es un «apóstol de Cristo»,[8] pero cuando escribe a los Corintios asocia a sí a Timoteo: «Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto» (2 Cor 1,1). Más abajo veremos cómo Timoteo no es desconocido para los cristianos de Corinto.[9]

Pablo está en la cárcel en espera del proceso (cf. Flp 1,12-26) cuando él y Timoteo, «siervos de Cristo Jesús» (Flp 1,1), envían una carta a los filipenses. Después veremos cómo Timoteo es alguien conocido para los cristianos de Filipos, ciudad importante de Macedonia y colonia romana.

Sin hacer aclaraciones, Timoteo se une a Pablo en un llamamiento personal y público a Filemón, a Apia y a Arquipo, como también a la comunidad que se reúne en una de sus casas: «Pablo, prisionero por Cristo Jesús, y Timoteo, el hermano, a nuestro querido colaborador Filemón, a Apia la hermana [una compañera cristiana y, probablemente, esposa de Filemón], a Arquipo, nuestro compañero de armas, y a la Iglesia de tu casa: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor» (Flm 1-3).[10] En suma, Timoteo no es un desconocido compañero del apóstol Pablo, sino una persona muy conocida en medio de las jóvenes comunidades cristianas.[11]

¿Por qué se conoce a Timoteo y cuál es el motivo por el cual Pablo lo llama «colaborador» y «hermano»? La historia de tres comunidades de cristianos ofrece una respuesta a estas preguntas. En primer lugar, es evidente que Pablo siente un gran afecto por la comunidad que fundó en Tesalónica, la capital de la provincia romana de Macedonia: «Vosotros sois nuestra gloria y alegría» (1 Tes 2,20). Separado de ellos y preocupado por ellos, dice el apóstol a los Tesalonicenses: «Enviamos a Timoteo […] para afianzaros y alentaros en vuestra fe» (1 Tes 3,2).

En segundo lugar, Timoteo trabajaba con Pablo cuando anunciaban al «Hijo de Dios, Jesucristo» en Corinto, y así se convirtió en un cofundador de la Iglesia local (2 Cor 1,19; cf. Hch 18,5). Posteriormente, cuando surgen problemas en esa comunidad, Timoteo actúa como representante de Pablo (cf. 1 Cor 4,17; 16,10-11; cf. Hch 19,22). Lo hecho por Timoteo anima al apóstol a definirlo no solo con respeto, como «hermano» (2 Cor 1,1), sino también como «hijo mío querido y fiel en el Señor» (1 Cor 4,17). Este último pasaje y su contexto merecen gran atención, porque muestran cómo la misión desarrollada por Timoteo para Pablo llegó al corazón mismo de la existencia del apóstol, más aún, de la existencia cristiana.