La religiosidad en Puccini

Giovanni Arledler S.I.

La nieta de Giacomo Puccini, Simonetta (1929-2017), que dedicó toda una vida y mucha pasión a la memoria y a la suerte artística de su abuelo, asegura que desde siempre se descuidó bastante el tema religioso en la obra del maestro, pero tenerlo en cuenta ayudaría a descubrir cosas sorprendentes también en los textos de los libretos de sus óperas. Estos libretos, aun teniendo como autores a algunos escritores que colaboraron estrechamente con Puccini, fueron revisados por el mismo compositor en más de un pasaje, revisión por la cual Puccini se permitió expresiones y testimonios de fe verdaderamente personales.[1]

Una familia musical y religiosa

Desde pequeño Giacomo Puccini recibió la influencia de la religiosidad típica de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, muy inclinada hacia las prácticas devocionales. Indudablemente, y como veremos, tuvieron sobre él una gran influencia la familia y los ambientes de su formación: el seminario de San Michele, y después el de San Martino, en Lucca, donde completó los estudios secundarios.

Puccini se vio impulsado desde joven a componer pequeñas piezas para órgano y, después, partituras para la liturgia cada vez más complejas, teniendo a sus espaldas una tradición ininterrumpida, especialmente por la rama paterna, que puede remontarse hasta su tatarabuelo, también Giacomo (1712-1781). De este último se han encontrado en la Accademia Filarmonica di Bologna, entre otras composiciones, un Vexilla regis (1743) a cuatro voces con violines obligados y acompañamiento de viola ad libitum.

El bisabuelo de nuestro Giacomo, Antonio (nacido en 1747), que había estudiado en Bolonia, había compuesto, entre obras sacras y para el teatro, una Misa de Réquiem para el emperador José II de Austria. Después encontramos a su abuelo Domenico (nacido en 1771), que fue a Nápoles para estudiar con Paisiello y, al igual que sus antepasados, fue músico de la Cappella Palatina y organista en la catedral de Lucca. También él escribió obras para el teatro, entre las cuales queremos mencionar un Salmo a 16 voces reales y dos orquestas. El padre de Giacomo, Michele (1813-1864), prosiguió la tradición de la familia y dejó un cierto número de composiciones, entre ellas un Ecce sacerdos magnus a 32 voces, escrito con ocasión de la visita de Pío IX a Lucca en 1857.

Entre los antepasados de Giacomo Puccini no solamente hubo músicos, sino también sacerdotes, como Domenico (nacido en 1769) y Michele (1714-1782). Un orgullo de la familia fue la sierva de Dios María Luisa Biagini (1770-1811), religiosa muerta en fama de santidad. Un grabado del milagro de curación que ella obtuvo en la circunstancia en que se le apareció la Virgen se encontraba colgado sobre la cabecera de la cama de la habitación en la que nació Giacomo.

Un lugar especial en la formación de Puccini tuvo indudablemente su madre, Albina Magi, que habiendo quedado viuda cuando Giacomo tenía solo seis años, asumió toda la carga de la educación de ocho hijos, aun encontrándose con recursos económicos restringidos. Fue Fortunato, hermano de Albina, el que inició a Giacomo en el estudio de la música. La madre se preocupó también de hacer que Giacomo realizara como externo los estudios secundarios en el seminario, más allá de la ventaja de que, en el seminario de San Martino, la escuela era totalmente gratuita.

De las hermanas, que siguieron con afecto a Giacomo también cuando comenzó a hacerse famoso, señalamos a las que eligieron el camino de la consagración al Señor, porque tuvieron un papel importante en su itinerario de fe: Ramelde e Iginia (como religiosa, Hna. Julia Enriqueta). La segunda, en particular, permaneció durante largo tiempo en el monasterio agustino de Vicopelago, donde una novicia por entonces muy joven, la Hna. María Paulina, recordaba hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado las visitas que Giacomo hacía con cierta regularidad a su hermana y a todas las religiosas de su comunidad.

Vivaz, más aún: díscolo

Sobre la exuberancia, y hasta, en varias ocasiones, la verdadera picardía del pequeño Giacomo se ha escrito un artículo que se basa en los recuerdos de varios compañeros de infancia.[2] También como estudiante Puccini daba la impresión de estar apático y coleccionaba constantes reprobados, sobre todo en Matemáticas. En el verano su madre lo enviaba a la parroquia de Mutigliano bajo la austera autoridad del párroco, don Giacinto Cantoni, quien, sin embargo, no debe de haber sido demasiado severo, porque Giacomo conservó esas estancias como un recuerdo agradable.