Las paradojas de la vulnerabilidad

Diego Fares S.I.

En su mensaje para la I Jornada Mundial de los Pobres, que tuvo lugar el 19 de noviembre de 2017, el papa Francisco señaló la «gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza». Sin embargo, la pobreza: «Nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor».[1]

Complementando la abstracción de las mediciones de los índices de vulnerabilidad, de pobreza y desarrollo humano —necesarios pero insuficientes, como así lo reconoce el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo—[2] el Papa nos enfrenta a los rostros. Y para ver rostros y no solo números es necesario involucrarse personalmente en la vida de los pobres y aprender de ellos caminando juntos: «Promover el desarrollo humano integral requiere diálogo e implicación con las necesidades y las aspiraciones de la gente, requiere escuchar a los pobres […] empezando [con ellos] procesos en los cuales los pobres sean los protagonistas principales y los beneficiarios».[3]

Una de las palabras de moda para identificar la pobreza es «vulnerabilidad». El hecho de que se la use en muy diversas disciplinas es una ventaja y encierra un peligro. Lo positivo es que este término permite dialogar sobre un terreno común. El uso común permite incorporar la riqueza de diversas visiones, necesarias dada la complejidad del tema. El peligro reside en extrapolar características de una vulnerabilidad técnica o física, por ejemplo, al ámbito de la vulnerabilidad humana, sin el debido discernimiento. Esto puede hacer que «la» vulnerabilidad, sustantivada abstractamente, oculte el problema en vez de ayudar a hacer patente ese «hilo invisible que une cada una de las exclusiones» que sufren los vulnerados.[4]

Intentaremos ordenar y precisar los significados de la «vulnerabilidad», recorriendo su etimología y uso en diversas disciplinas para reflexionar acerca de las paradojas que este término suscita y proponer así algunos aportes que, aprovechando el consenso que tiene el término, ayuden a tomar conciencia de que en la tarea de prevenir vulneraciones, sanar heridas y cuidar a los más vulnerables está en juego el entramado mismo de nuestra dignidad social.

Vulnerabilidad como herida y golpe

Etimológicamente, la palabra «vulnerabilidad» proviene del latín vulnus, que significa herida, llaga, tajo, golpe, daño. Los latinos unían el sentido pasivo y activo: «Una manus vobis vulnus opemque feret»,[5] «la misma mano que os hiere, os cura». En el Tribunal Superior de Justicia de Baleares, la frase de Ovidio se transformó en: Vulnus opem feret, la herida conduce a lo que la causó (a la acción y al autor). En medicina forense se dice que, en una autopsia, «el cuerpo habla».

Para leer el texto completo, haga clic en …