Laudato si’ y gestión empresarial en África

Allan Figueroa Deck S.I.

Introducción

Las dos últimas décadas han visto el surgimiento de nuevos sujetos transnacionales no gubernamentales que influyen de manera sustancial en la vida de las naciones africanas. Por ese motivo, el actual presidente de la Unión Africana (UA), Alpha Condé, ha afirmado con rotundidad que los problemas de África se deben principalmente a injerencias externas.[1] El impacto que las empresas tienen en el medio ambiente pertenece al ámbito de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), que se entiende y vive como todo a aquello que estas realizan más allá de lo estrictamente legal por el bien de las diferentes partes interesadas. Siendo así que la RSE se aplica de forma voluntaria, ¿podemos dejar librado el destino de nuestra «casa común»[2] africana a la voluntad discrecional considerando, sobre todo, el hecho de que algunas empresas tienen un poder económico que supera el de naciones enteras? Teniendo en cuenta el avanzado estado de degradación medioambiental,[3] en particular en África occidental, y las recomendaciones de la encíclica Laudato si’ (LS) sobre el «cuidado de la casa común», ¿no deberían las empresas entender la RSE como la obligación de informar acerca de su gestión social?

La presente reflexión, articulada en tres puntos, muestra que Laudato si’ ofrece un sólido fundamento para una mayor responsabilidad de las empresas, así como para un cometido más ético de las actividades en África.[4] El primer punto definirá los desafíos y la urgencia de una gestión empresarial ética en África. El segundo mostrará cómo Laudato si’ puede constituir una verdadera brújula para la ecología integral. El tercero, por último, indicará por qué tomar en serio las implicaciones de esta encíclica transforma la responsabilidad social en la obligación, para las empresas, de informar sobre su gestión social.

Degradación medioambiental y desafíos de la gestión empresarial ética en África

Según los datos del Ministerio del Medio Ambiente y del Desarrollo Sostenible de Costa de Marfil, la superficie forestal en el país pasó de 16 millones de hectáreas en 1900 a 9 millones en 1975, con una pérdida del 65 % entre 1960 y 2014.[5]

En un informe reciente, la ONG Mighty Earth acusa también a las empresas involucradas en el comercio de chocolate la compra de cacao proveniente de superficies forestales protegidas, y el director de la Sociedad de Desarrollo Forestal (SODEFOR) confirma que el 40 % del cacao marfileño proviene de áreas protegidas.[6] Lamentablemente, el medio ambiente en África central no parece en modo alguno más preservado que el de África occidental. Según el Informe 2000 del Global Forest Watch sobre la situación forestal en África central, las áreas forestales de la República Democrática del Congo (RDC) y de Camerún están destinadas a pasar, hasta el año 2025, de 108,3 millones a 0,06 millones de hectáreas y de 19,6 millones a cerca de 0,1 millones de hectáreas respectivamente. El 31 % de las concesiones forestales de Camerún, es decir, casi un tercio, está en manos de solo tres multinacionales francesas: Thanry, Bolloré y Coron. Entre las «heridas» que se infligen al medio ambiente no solo está la deforestación, sino también la degradación del suelo y la contaminación, tanto más cuanto que el saneamiento de las plantas mineras es una práctica infrecuente.

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