Los big data y los desafíos éticos

Michael Kelly S.I. - Paul Twomey

En un mundo basado en los datos y en las informaciones, los pobres del siglo XXI son —a la par de los que no tienen dinero— los ignorantes, los ingenuos y los explotados. Ahora que las polémicas tienen por objeto a Facebook, Cambridge Analytica y el uso que ellos hacen de los datos personales, mostrando qué profunda y extendida es la invasión de la privacidad con el objetivo del beneficio comercial, la Iglesia está llamada a reflexionar y a actuar mostrando preferencia y apoyo hacia este nuevo tipo de pobres.

En una discusión política que hoy se desarrolla principalmente dentro de una burbuja de tecnócratas y de gente dedicada a los trabajos informáticos, ella puede intervenir con la milenaria sabiduría de su pensamiento ético. En estos debates, la Iglesia debe proclamar en voz alta su concepción del progreso, que es espiritual y está centrado en el hombre, a fin de integrar el mensaje dominante de la utopía tecnológica.

El desafío de los datos

Arrojemos una mirada al modo en que la recogida de datos ha cambiado en los últimos veinte años. Recoger datos es actualmente un gran negocio. Pero nos atrevemos a decir que la mayor parte de los ciudadanos, al igual que la Iglesia y las autoridades políticas, no entienden plenamente cuán vasto y dinámico es. Seis años atrás, el McKinsey Global Institute declaró que la recogida y el tratamiento de los datos era una industria con beneficios de 300 000 millones de dólares anuales y que daba empleo a tres millones de personas solo en Estados Unidos.[1]

La industria de la recogida de datos no es una realidad nueva. Desde hace décadas data brokers como Acxiom y Choice Point recogen direcciones, números de teléfono, costumbres de compra y otras cosas de fuentes offline y los revenden a anunciantes y a partidos políticos. Pero internet ha transformado el espacio de acción.

La revolución de internet y los teléfonos inteligentes ha contribuido mucho a acrecentar la cantidad y el nivel de intimidad de los datos individuales. Gran parte de los nuevos datos que se generan son datos creados por los usuarios.

Desde los albores de la historia hasta 2003 la humanidad ha producido en total cerca de cinco exabytes de informaciones.[2] Hoy el mundo crea 2,5 exabytes de datos al día. Cada interacción digital genera una cantidad de comunicaciones que pueden ser utilizadas para analizar y prever el comportamiento humano. Hablando sobre este tema en 2010, Eric Schmidt, por entonces director ejecutivo de Google, afirmó: «La gente no está preparada para la revolución tecnológica que está por ocurrirle».[3] Se podría objetar que la mayor parte de la gente aún no tiene idea del modo en que tal revolución ha podido invadir su vida.

Los motores de búsqueda instalan cookies[4] en las computadoras de los usuarios para rastrear los sitios, las direcciones IP, la configuración del navegador, la fecha y la hora, los contenidos de las búsquedas y los enlaces a los sitios visitados por el usuario. Las cookies de Google pueden durar treinta años, y si un usuario elimina una cookie, esta es reemplazada inmediatamente la primera vez que el usuario vuelve a entrar en un dominio de Google (aunque no lo haga para hacer una búsqueda). Las cookies del motor de búsqueda y de otros servicios de internet esenciales permiten que el rastreo se despliegue a través de todos los dispositivos de los usuarios. Pero eso no es todo: lo que se realiza para espiar a las personas que se mueven en la red global va mucho más allá.

Un estudio reciente llevado a cabo sobre un millón de sitios web ha demostrado que en su casi totalidad están infectados por rastreadores web y cookies de terceros instaladas para recoger las informaciones de los usuarios y ofrecer esos datos a entidades distintas del propietario del sitio web dentro del cual actúan. En efecto, por cuenta de Google, Facebook y otros, esos instrumentos rastrean la utilización de las páginas, los importes de las compras, las costumbres de navegación. Algunos trackers logran incluso enviar informaciones personales sobre la identidad del usuario, como su nombre, su domicilio, su dirección de correo electrónico y los detalles de sus gastos. En este último caso los agregadores de datos tienen la posibilidad de desanonimizar gran parte de los datos que recogen.

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