Los jesuitas en China de 1842 a 1954

David Strong S.I.

En 1582 Michele Ruggieri y Matteo Ricci fueron los primeros jesuitas que obtuvieron el permiso para entrar en China. Este primer período de permanencia de la Compañía concluyó —después de acontecimientos caracterizados tanto por momentos luminosos como por persecuciones— con su supresión en 1773. El segundo período de presencia de los jesuitas en China después de la reconstitución de la orden va de 1842 a 1954, es decir, hasta que los jesuitas fueron expulsados del país.

Estamos hablando de 1121 jesuitas no chinos enviados al área de Jiangnan, en China central, hasta los años cincuenta del siglo pasado. Junto con ellos había 286 jesuitas chinos y un exiguo número de sacerdotes seculares chinos, con muchos catequistas laicos, hombres y mujeres. En ese siglo de presencia, lleno de tumultuosos cambios en la vida social y política de China, los jesuitas se hallaron frente al desafío de comprender no solo el estilo de vida chino tradicional y común, sino también los cambios que se estaban operando a nivel local y nacional.[1]

La primera misión provino de la provincia de los jesuitas de Francia. Las posteriores divisiones de la región de Jiangnan llamaron nuevamente a misioneros de las provincias de Champagne (Francia), León y Castilla (España), Canadá Francés, Austria, Hungría, Italia y California, para formar vicariatos separados.[2]

Las fuentes para estudiar esta historia son cartas, diarios, relatos, reflexiones y muchas estadísticas, material enviado por los misioneros a sus sedes de proveniencia. En dicho material se refieren observaciones sobre la cultura china y sobre los encuentros con la gente y con los funcionarios del Gobierno. Aparece allí una variedad de opiniones que pone de resalto las respuestas contrastantes de los misioneros europeos y chinos a las situaciones sociales, políticas o eclesiásticas. Además, estas iluminan los problemas administrativos que tuvieron que afrontar los misioneros tanto en el ámbito nacional como en el exterior; por ejemplo, sobre la tensión que existía entre las directivas de Roma y el distinto parecer de los misioneros locales. Nos ofrecen también descripciones de los acuerdos entre los misioneros y los diferentes Gobiernos chinos.

Siguiendo su experiencia religiosa europea, los misioneros encaran problemas que los obligan a poner en discusión y, a veces, también a modificar la concepción que tenían de sí mismos. Las muchas cartas que escribieron les ayudaron a aclarar los ideales de la Compañía de Jesús y a comprender cómo adaptarlos a ese contexto.

Las fuentes ilustran el modo en que los jesuitas intentaron resolver las contradicciones y las tensiones entre el apego a sus ideales religiosos europeos tradicionales y la modificada realidad de su vida en los ambientes sociales, políticos y culturales de la cotidianidad china.

Las cartas y los relatos de los jesuitas chinos fueron particularmente investigados y fueron también citados por chinos conocedores del latín o del francés, por lo común críticos hacia los métodos de los misioneros europeos.

Los archivos del Ministerio de Exteriores francés son una valiosa fuente que ilustra en sus detalles la estrecha colaboración entre el Gobierno francés y las misiones católicas. La influencia del protectorado francés en las misiones es un tema importante. Los archivos vaticanos y los de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos ofrecen ulteriores detalles sobre la reacción de las autoridades católicas con relación a la actividad misionera.

Entrando en la consideración de estas fuentes, está claro que todas las cartas enviadas a Roma o a la casa matriz, en las que se relataba la vida en la misión, eran objeto de una fuerte autocensura por parte de quienes las escribían. En cuanto a los contenidos, ponían en evidencia tanto los acontecimientos como las dificultades, sobre todo económicas, y el recurrente problema de la insuficiencia de recursos humanos. Las observaciones sobre la cultura china o sobre los acontecimientos políticos reflejaban las opiniones personales de los autores y deben considerarse como tales: percepciones de misioneros, a menudo dispares.

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