Modificar el genoma humano

genoma humano

Un punto de vista católico

— Kevin T. FitzGerald S.I. —

 

Considerando la atención mundial que han recibido en el curso de los últimos cien años y más los conocimientos genéticos y los posibles modos de aplicarlos, hoy sería razonable preguntarse: ¿está finalmente preparado el mundo para hacer suyos los beneficios y para conjurar los daños de nuestro rápido progreso tecnológico en relación con la modificación del genoma?

La investigación genética ha descubierto en las últimas décadas que incluso cambios mínimos de nuestro ADN pueden tener efectos profundos en nuestra salud general y en nuestro bienestar, y que, al mismo tiempo, las experiencias psicológicas y físicas cotidianas pueden influir notablemente en nuestras funciones biológicas tomadas en general. ¿De qué modo ha respondido la Iglesia a tales descubrimientos respecto de la concepción de la naturaleza humana y de la posibilidad de mejorar la salud para todos?[1]

La posición católica sobre algunas cuestiones de bioética

Entre los documentos de la Iglesia, la instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe Dignitas personae es el que más directamente ha estado dedicado a la terapia génica: «Para la valoración moral hay que tener presente estas distinciones. Las intervenciones sobre células somáticas con finalidad estrictamente terapéutica son, en principio, moralmente lícitas. Tales intervenciones quieren restablecer la normal configuración genética del sujeto, o bien contrarrestar los daños que derivan de la presencia de anomalías genéticas u otras patologías correlacionadas. […] Distinta es la valoración moral de la terapia génica germinal. Cualquier modificación genética producida a las células germinales de un sujeto sería transmitida a su eventual descendencia. Ya que los riesgos vinculados a cada manipulación genética son significativos y todavía poco controlables, en el estado actual de la investigación, no es moralmente admisible actuar de modo tal que los daños potenciales consiguientes se puedan difundir en la descendencia. […] Una consideración específica merece la hipótesis según la cual la ingeniería genética podría tener finalidades aplicativas distintas del objetivo terapéutico. Algunos han imaginado que es posible utilizar las técnicas de ingeniería genética para realizar manipulaciones con el presunto fin de mejorar y potenciar la dotación genética. En algunas de estas propuestas se manifiesta una cierta insatisfacción o hasta rechazo del valor del ser humano como criatura y persona finita».[2]

Respecto de tales manipulaciones el documento afirma que «favorecen una mentalidad eugenésica e introducen indirectamente un estigma social en los que no poseen dotes particulares, mientras enfatizan otras cualidades que son apreciadas por determinadas culturas y sociedades, sin constituir de por sí lo que es específicamente humano. Esto contrasta con la verdad fundamental de la igualdad de todos los seres humanos, que se traduce en el principio de justicia, y cuya violación, a la larga, atenta contra la convivencia pacífica entre los hombres».

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