El poder de la ilusión

El poder de la ilusión

— Giovanni Cucci S.I.—

Un tema interdisciplinario

La ilusión se considera a primera vista de modo negativo, como algo que impide vivir de manera sana y equilibrada. Sin embargo, esta es solamente una de sus posibles derivas. Como se verá, la ilusión es imprescindible para vivir, porque contribuye de forma necesaria a plasmar la realidad en cuanto a estabilidad y seguridad, haciéndola «humana». Ocuparnos de ella significa entrar en un mundo complejo, estudiado por diferentes disciplinas.

La ilusión ha sido analizada de forma sistemática sobre todo por la psicología de la Gestalt, orientada a mostrar cómo la realidad no es fruto de una cuidada construcción cognitiva y afectiva: la mente no se limita a reflejar las cosas (como consideraban los antiguos), sino que las modifica, las filtra y también las deforma de manera verificable. La ilusión es un fenómeno óptico determinado que aparece en algunas condiciones, por ejemplo, en el desierto, cuando parece verse una extensión de agua, o cuando el fondo de la carretera parece a lo lejos mojado, o también cuando se sumerge un bastón en el agua y este parece quebrado. Sabemos que todo eso se debe a la refracción de los rayos solares: esta información no modifica nuestra percepción, porque es una modalidad estructural de nuestra aproximación a las cosas.

A diferencia de la alucinación, la ilusión nace de estímulos reales, que son reelaborados agregándoles lo que falta al estímulo visual. Cuando se está frente a un edificio, aunque solo se ve la fachada, tendemos a representarnos también los lados que no se ven: es la condición para reconocer el edificio. El célebre ejemplo del cubo de Merleau-Ponty[1] pone de manifiesto la característica de nuestra corporeidad de ser un punto de vista sobre la totalidad, no solo cognitiva, sino también emotivamente.

Reconocer la presencia de esta compleja estructura reconstructiva ayuda ante todo a distinguir la ilusión del error, con el cual a veces se la asocia. La ilusión es un fenómeno de la percepción sensorial, mientras que el error es el fruto de un juicio. Si al ver el bastón en el agua dijese: «El bastón se ha quebrado», no se trataría de una ilusión, sino de un error. Sin embargo, la ilusión influye siempre en la valoración y en la decisión: cuando estamos enfermos, todo lo que vemos, oímos o comemos se torna áspero e insoportable, pero es nuestro ser el que se encuentra en esas condiciones.

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