Siete pilares de la Educación según J. M. Bergoglio

Educación
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Antonio Spadaro S.I.

El desafío educativo ha estado desde siempre en el centro de la mirada del Papa actual. Como él mismo reveló en una entrevista nuestra del año 2016, siendo párroco en San Miguel se ocupaba de la pastoral juvenil y de la educación. Cada día recibía a los chicos en los enormes espacios del colegio anexo: «Yo decía siempre la misa de niños y el sábado enseñaba el catecismo».1 Y lo hacía también cuando organizaba espectáculos y juegos, que en esa entrevista describía con detalle. De ahí procede su capacidad espontánea de estar con los niños.

Ya como estudiante jesuita en formación, Bergoglio tuvo con la escuela una experiencia que lo marcó. Fue enviado por sus superiores a enseñar Literatura en dos colegios secundarios de los jesuitas. Sin embargo, él no se quedaba en las lecciones; por el contrario, alentaba a sus muchachos a la composición creativa —llegando incluso a implicar al gran Jorge Luis Borges en sus actividades—, aunque también al teatro y a la música.2

La acción educativa se vinculaba así a la experiencia artística y creativa, y justo a partir de esta lograba Bergoglio hacer emerger la más amplia dimensión humana y espiritual. Veamos un ejemplo inédito para comprenderlo mejor: José Hernán Cibils, en la actualidad músico en Alemania y entonces alumno del docente de veintiocho años Jorge M. Bergoglio, conserva todavía hoy el comentario del otrora profesor a un ejercicio suyo sobre La hora undécima, de la escritora María Esther de Miguel. El alumno consideraba que el mensaje final de la obra era que la negación de sí y la mortificación conducen a Dios. Bergoglio se prodigó en elogios al comentar el trabajo del estudiante, pero propuso un cambio en la formulación del mensaje final, que le parecía demasiado negativo, y apuntó: «La entrega es fruto del amor», no de la mortificación. Concluía con un mensaje personal entre paréntesis para José: «Claro que estás atravesando un período de negatividad». La exposición a la experiencia creativa o su ejercicio generan una dinámica que implica psicológica y espiritualmente a la persona.3

Esta experiencia como estudiante jesuita, y después como sacerdote, formó a Bergoglio como pastor y obispo de Buenos Aires. Al considerar este tiempo episcopal y leer la colección completa de sus intervenciones pastorales, recientemente reunidas en un único volumen,4 uno se da cuenta de que un tercio de ellas —entre homilías, cartas y mensajes— está dedicado a los educadores (docentes, catequistas, animadores, etc.). El tema no ha sido revisado en profundidad aún de manera adecuada, y habría que investigar también las fuentes y las inspiraciones que Bergoglio tuvo presentes en el desarrollo de su enfoque.5

En las páginas que siguen queremos presentar —sin pretender ser exhaustivos— siete caras de este poliedro que es la educación para Francisco, tal y como maduraron en su ministerio episcopal.