El trabajo y la dignidad del trabajador

Dignidad del trabajador
Neón en la pared con inscripción 'Work Harder' (Esfuérzate más)

— Francesco Occhetta S.I. —

Entrevista al cardenal Peter K. A. Turkson

El trabajo es un tema central en el pontificado de Francisco, quien en Evangelii gaudium (EG) lo califica con cuatro términos: «libre, creativo, participativo y solidario» (EG 192).1 Se trata de una explicitación programática y fundante que Bergoglio ya había utilizado en Buenos Aires en junio de 2003 para comentar la encíclica de san Juan Pablo II sobre el trabajo, Laborem exercens (del 14 de septiembre de 1981).

Para profundizar el tema del trabajo en una perspectiva universal nos dirigimos al cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, prefecto del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral. Su papel en la Iglesia y su experiencia certifican su autoridad: nacido en Wassaw Nsuta el 11 de octubre de 1948, es el primer cardenal oriundo de Ghana; ordenado arzobispo metropolitano de Cape Coast en 1993, fue presidente de la Conferencia de Obispos de Ghana (1997-2004), relator del Sínodo de los Obispos para África (2009) y presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz» (2009-2016).

Eminencia, para la Escritura el trabajo es la participación del hombre en el «acto creador» de Dios. ¿Cómo se define la dignidad del trabajo y del trabajador en la Doctrina Social de la Iglesia?

El Antiguo Testamento presenta a Dios como Creador omnipotente que plasma al hombre a su imagen y lo invita a trabajar la tierra y a custodiar el jardín del Edén, donde lo colocó. Dios invita al hombre a cultivar y a custodiar los bienes que él creó y que el hombre ha recibido como don precioso puesto por el Creador bajo su responsabilidad. El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída: por eso, no es una maldición ni un castigo. El trabajo se torna en fatiga y pena a causa del pecado de Adán y Eva, que rompen su relación de confianza y armonía con Dios. Por tanto, el trabajo forma parte del designio de Dios para el hombre desde la creación y es parte integral de la dignidad humana.

Cuando se habla de dignidad del trabajo se debe dar un paso atrás y considerar la dignidad del trabajador, que es el artífice del trabajo mismo. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce en el trabajo un componente objetivo, dado por la actividad de trabajo realizada, y un componente subjetivo, definido por la persona humana del trabajador. La dimensión subjetiva del trabajo debe tener preeminencia sobre la objetiva porque quien la establece es el hombre mismo. En efecto, el sujeto de la actividad laboral es la persona humana —creada a imagen y semejanza de Dios, como unidad de cuerpo y alma, única e irrepetible— y, según la medida en que la dignidad de la persona trabajadora sea respetada en el contexto laboral, se puede hablar de un trabajo «digno y humano» o, por el contrario, «indigno e inhumano». En Caritas in veritate (CV) Benedicto XVI definía el trabajo «decente» como «un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad» (CV 63).

¿Cuáles son hoy los obstáculos sociales y políticos que, según la Iglesia, impiden que el trabajo sea «digno»?

Como recordó el papa Francisco en su videomensaje para la 48ª Semana Social de los Católicos Italianos,2 «no todos los trabajos son “trabajos dignos”».3 En efecto, hay trabajos que humillan la dignidad de las personas: los trabajos que alimentan las guerras con la fabricación de armas, los que malvenden el valor del cuerpo con el tráfico de la prostitución y los que explotan a los menores. También ofenden la dignidad del trabajo la actividad laboral en negro, los trabajos de explotación gestionados bajo la figura del capataz ilegal, los trabajos que discriminan a la mujer y los que no incluyen a las personas con discapacidad. Recientemente participé en Taiwán en el XIV Congreso Mundial del Apostolado del Mar, donde salió a la luz el hecho de que en un gran número de barcos hay personas que trabajan en condiciones cercanas a la esclavitud: trabajan durante largos períodos a bordo sin tener la posibilidad de descender a tierra, no se les paga de forma adecuada y viven en precarias condiciones de salud. Por eso hemos invitado a los Gobiernos a efectuar más controles en los barcos cuando llegan a los puertos de los diferentes países a fin de asegurar así que se garanticen de manera efectiva a los trabajadores condiciones laborales dignas.