Turquía y los enclaves kurdos en Siria

Giovanni Sale S.I.

Nuevos frentes de conflicto en Siria

Con la derrota militar y territorial del Estado Islámico (EI) se esperaba que la guerra en Siria hubiese llegado ya a su fin. Las potencias «vencedoras» del conflicto, es decir, Rusia, Irán y Turquía, están llevando adelante desde hace meses en las conferencias de paz de Astana y de Sochi —en las que no participan ni Estados Unidos ni la Unión Europea— tratativas acerca del modo de resolver la difícil crisis siria. Al parecer, sin embargo, esta guerra continúa, abriendo nuevos y peligrosos frentes de conflicto como la operación militar lanzada por Turquía contra los «terroristas» kurdos, afiliados al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), y como el más reciente entre las milicias que apoyan a Al-Ásad —que incluyen también a mercenarios rusos— y las árabo-kurdas, denominadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), apoyadas por Estados Unidos.

Este último conflicto estalló en la noche del 7 al 8 de febrero en el área de Deir ez-Zor, a orillas del Éufrates, donde hay importantes yacimientos petrolíferos —hasta hace poco tiempo explotados por los yihadistas del Califato—, controlados por las FDS. Una columna
de cerca de 500 combatientes se acercó por la noche a las posiciones de las Fuerzas Democráticas Sirias con el fin de ocupar los puntos estratégicos del territorio y apoderarse de la zona rica en petróleo y gas.[1] La reacción de los estadounidenses, requerida por los milicianos, fue inmediata y decidida: varios aviones militares bombardearon sin parar a los milicianos partidarios del Gobierno y mataron a un centenar de ellos. A la mañana siguiente los aviones a reacción estadounidenses bombardearon una vez más —«en legítima defensa»— a las fuerzas que apoyan a Al-Ásad, provocando nuevas víctimas. Ha sido la primera vez que Estados Unidos ha intervenido en el conflicto sirio de forma tan directa y causando un número tan elevado de víctimas militares. «Hemos reaccionado —dice la nota difundida inmediatamente después por la coalición— para rechazar la agresión contra nuestros aliados comprometidos en la lucha contra el EI».[2]

La reacción de Moscú no se hizo esperar: «El reciente incidente demuestra una vez más que, en realidad, la presencia militar ilegal de Estados Unidos en Siria tiene como fin tomar el control de los recursos económicos del país, y no combatir el EI».[3] En cualquier caso, por el momento parece que ni Moscú ni Washington tienen intención de proseguir con el enfrentamiento.[4] La masiva intervención estadounidense sirvió para dejar claro que Washington no está dispuesta a tolerar en modo alguno una eventual iniciativa de las milicias que apoyan a Al-Ásad en las zonas controladas por sus fuerzas militares, en particular en las situadas entre el Éufrates y la frontera con Iraq, riquísimas en petróleo.

Días antes, el ejército de Damasco había lanzado un fuerte ataque contra algunos enclaves en manos de los opositores al régimen, como Idlib, bastión de los rebeldes qaedistas, y, sobre todo, el área de Guta oriental, cerca de la capital, donde las incursiones aéreas bombardearon la zona durante varios días provocando algunos cientos de muertos, muchos de ellos niños y mujeres. Para debilitar la moral de los opositores, Al-Ásad «sigue ensañándose contra los civiles, atacando escuelas, hospitales y mercados sin que nadie lo moleste»,[5] con la complicidad de sus aliados. En la última semana los bombardeos han continuado con mayor intensidad y el número de muertos también ha ascendido de manera considerable: según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, hasta el 23 de febrero llegaban a más de 400, siendo el número de heridos que presentaban necesidad de asistencia inmediata de casi 2 000. Además, según los observadores en el barrio de Guta, donde viven 400 000 personas, el ejército sirio está realizando un verdadero asedio —que recuerda en cierto modo el de Alepo— para obligar a los opositores a rendirse: un asedio que pesará principalmente sobre la población civil, ya extenuada por semanas de combate.[6] Retomando la iniciativa de la ofensiva militar, el presidente sirio piensa asegurarse un papel significativo en la mesa de negociación cuando se trate de decidir acerca del futuro institucional del país.

Para complicar la situación, días después, el 10 de febrero, se produjo la incursión de un dron iraní, rápidamente abatido en territorio israelí. En respuesta a la «provocación», Tel Aviv envió cazas F-16 que destruyeron las bases desde las que había partido el dron, cerca de Palmira. La artillería antiaérea siria logró abatir un caza israelí en las inmediaciones de Harduf, en el norte del país. Después de este hecho se inició un nuevo ataque israelí contra las defensas antiaéreas siro-iraníes, destruyéndolas en gran parte. Hay que recordar que en el pasado también hubo diversos ataques israelíes contra objetivos militares iraníes en Siria.

Las cancillerías de muchos países siguieron con gran aprensión los acontecimientos, temiendo una implicación directa de Israel en la ya intrincada situación siria. Por el momento, el peligro ha sido conjurado. En todo caso, los israelíes temen que, considerando también la avanzada del frente que apoya a Al-Ásad en diversas partes del país, Siria pueda convertirse en una base iraní en el corazón de Oriente Próximo, atentando así contra su seguridad nacional.