Un «protocolo» para el buen combate espiritual

Protocolo para el buen combate espiritual

El capítulo V de Gaudete et exsultate

 — Diego Fares S.I. —

 

En el corazón de la exhortación apostólica Gaudete et exsultate (GE) están las bienaventuranzas, un verdadero «programa de la santidad».[1] Es interesante notar cómo Francisco, para hablar de la santidad, utiliza la palabra «protocolo», que indica un procedimiento, un conjunto de pasos a dar que motivan a la acción. Francisco relee en esta clave práctica la vida de los santos y dice, al coronar el capítulo sobre las bienaventuranzas: «La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final [las bienaventuranzas y Mateo 25]. Son pocas palabras, sencillas, pero prácticas y válidas para todos, porque el cristianismo es principalmente para ser practicado, y si es también objeto de reflexión, eso solo es válido cuando nos ayuda a vivir el evangelio en la vida cotidiana» (GE 109). En particular, podemos señalar un «protocolo» que comprende cuatro ayudas para el combate espiritual.

La primera ayuda para el combate es la certeza de la victoria en la batalla espiritual. La actitud que debe caracterizar la vida cristiana es esta certeza, que después se despliega festejando. Advertimos la importancia que el papa da a «celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida» (GE 158). Podemos hacerlo —dice— porque «Jesús mismo festeja nuestras victorias» (GE 159).

La segunda ayuda es una sugerencia para pensar bien, para no caer en las trampas de la razón pragmática: «No obstinarse en mirar la vida solo criterios empíricos». A la hora de combatir el mal no hay que pensar que el Maligno sea solo un mito, una representación, un símbolo o una idea, porque esto nos conduce a «bajar la guardia» y él lo aprovecha para destruir. La actitud del Señor es concluyente: en el Padre nuestro Jesús nos enseña a pedir al Padre «Líbranos del Maligno».

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