¿Tiene aún valor la metafísica?

Metafísica
¿Cuáles son los principios y causas del mundo? Grabado de Camille Flammarion: L'Atmosphere: Météorologie Populaire (París, 1888)

— Giovanni Cucci S.I. 

Los términos de la cuestión

El término «metafísica» suena a los oídos del hombre común (y, a veces, también a los del filósofo) como algo abstruso y alejado de las problemáticas de la vida, en última instancia, como un saber «momificado», vestigio arqueológico de una época lejana y difícilmente comprensible. En un clima cultural semejante resultan loables, sin embargo, libros como La semplicità del principio,1 de Paul Gilbert, fruto de muchos años de enseñanza de esta disciplina en la Universidad Gregoriana de Roma. En él el autor ha aceptado el desafío no ciertamente fácil de devolver dignidad a este saber que resume y corona el sentido de la reflexión filosófica en cuanto tal. El libro gira en torno a la investigación del «principio», es decir, de lo que está primero, al comienzo y en la base de todo discurso, saber y reflexión por parte del hombre, reconociendo en él el carácter de «simplicidad», es decir, la capacidad de estar presente en todo sin con ello empobrecerse.

Pero ¿qué se entiende con el término metafísica? Y ¿por qué ella debería adquirir importancia alguna a los ojos del hombre, cargado de problemas mucho más urgentes y exigentes? Se pueden reconocer por lo menos cuatro ámbitos diferentes de este saber: investigación sobre el ser y el ente; búsqueda del sentido de lo real; interrogación sobre el fundamento último; explicitación de las condiciones que hacen posible el conocimiento. Estos cuatro significados articulan el itinerario del libro.

La metafísica como investigación sobre el ser

La metafísica se ocupa del ser, de todo lo que es, considerándolo desde este aspecto generalísimo pero fundamental. Ahora bien, ¿qué es el ser? No es posible definirlo, porque se lo presupone en toda definición, en toda noción y palabra: es el aspecto más básico bajo el cual puede comprenderse toda realidad. De una cosa se puede decir, por ejemplo, que es un ensayo de matemáticas, que es un libro, que es un objeto: en la práctica, que existe como algo determinado. La metafísica indica el «algo determinado» con el término «ente» y lo investiga bajo este aspecto, «vale decir, de los principios esenciales del conocimiento».2

Nosotros tratamos con entes, con cosas, pero ellas nos muestran algo más, algo a lo que remiten todas, sin distinción. En efecto, el ser es siempre «más» que la totalidad, como ya reconocía Platón: no se agota en la multiplicidad de los entes, remite más allá de ellos y, sin embargo, solo nos enteramos de él desde el modo de ser del ente.

Ser y ente están estrechamente unidos, pero no son propiamente la misma cosa, como observa Martin Heidegger: «Al pensar el ente, pensamos cada vez, “a la vez”, el ser. El ente en conjunto no es la mera suma de todos los entes ni tampoco se ha pensado ya todo el ente cuando se logra representar su “totalidad”. Pues si la totalidad no es lo que se adiciona con posterioridad al conjunto, sino que tiene en todo ente la precedencia de lo determinante —puesto que determina completamente al ente en conjunto en cuanto tal, “en cuanto ente”—, entonces la totalidad misma es solo un acompañante de aquello que distingue al ente en cuanto ente. Esto, distintivo, lo denominamos “el ser”. Al pensar el ente en conjunto pensamos todo el ente en cuanto ente y lo pensamos ya desde el ser. Así, sin saber cómo, a partir de qué y por qué, distinguimos cada vez el ente y el ser».3